La vida musical de Israel Romero Ospino siempre ha sido exitosa debido a su empeño y dedicación con el instrumento que desde niño observó digitar a su padre y hermanos. Hijo de Escolástico Romero y Ana Antonia Ospino, ‘La Nuñe’, fue el quinto entre nueve hermanos, y como reza el refrán: “no hay quinto malo”, empezó a los doce años a garabatear los pitos y bajos del acordeón.
Desde su paso peregrino por las aulas del Colegio Santo Tomás, todos lo recuerdan como un muchacho jovial, tímido, de espíritu sociable y de una enorme capacidad solidaria. A muy temprana edad se despertó en Israel una desmesurada admiración por los motivos religiosos, hasta el punto que su presencia en la iglesia del pueblo era una actividad constante.
Por tal razón, viéndolo tan devoto y entregado a la acústica sagrada, el padre Armando Becerra lo hizo acólito en las misas. En varias ocasiones, cuando al sacerdote le decían que veían a Israel tocando el acordeón donde la vieja ‘Pola’, o en casa de Silvia Saurith, al día siguiente, cuadrado militarmente en mitad del atrio de la iglesia, esperaba a ‘La Nuñe’ para decirle que cuidara “al muchacho, que se va a perdé, y no va aprendé ná”.
La realidad era otra, para el nobel acordeonero el estudio constituía un viacrucis, su verdadera pasión estaba en el acordeón. El joven por fin había encontrado en el instrumento de pitos y bajos la piedra filosofal de su razón de vida, el motivo para desinflar ese cúmulo de sensaciones, de amores no confesados y de alocados recuerdos de la mimosa lumbre campesina.
Marcado por las parrandas
Con el trasegar por el entorno de su tierra querida las parrandas se hicieron interminables, con la costumbre que tienen las cosas buenas en el tiempo y en el espacio para la memoria colectiva de los pueblos; de gentes eternizadas en sus costumbres, las que aman, viven y sueñan mientras devoran un pedazo de luna pobre.
Fueron los tiempos cuando ‘Isrra’ se convirtió en sombra de su hermano Norberto, y cuando a este lo invitaban a una parranda, el inquieto joven lo seguía, y cuando se daban los consabidos descansos y los parranderos caían en estado de somnolencia, Israel tomaba el acordeón, y apretujándoselo de manera tímida contrael pecho, comenzaba a sacarle melodías, prueba de que la fuerza de la herencia llamaba a sus instintos musicales.
Cuando Norberto Romero fue invitado a realizar unas pruebas en Medellín con el objetivo de grabar un disco, le comentó a ‘Cao’ Mendoza que pensaba llevarse a Israel con el propósito de que grabara un sencillo para la disquera Codiscos. Al final, se lo llevó, y cuando los directivos de la empresa discográfica le hicieron las pruebas, y sus ojos captaron el singular y armonioso digitar, y el sollozar de notas, quedaron maravillados. Entonces, le dijeron que trajera un cantante para producir un disco larga duración.
De esta manera, graba acompañado en la voz por Daniel Celedón Orsini, y de ese trabajo quedaron las canciones ‘Amanecemos parrandeando’ y ‘Versos del alma’, verdaderos sucesos discográficos en esa época.
Después de superar esa etapa artística y juvenil, cuando el mundo despertó en la evolución absoluta en plena era de las sofisticadas computadoras, los grandes descubrimientos y la galopante carrera armamentista, en los Estados Unidos, teniendo como aliado a los aparatos electrónicos, distinguen a Israel Romero Ospino como el Mejor Acordeonero del Mundo.
Músico tímido
El famoso ‘Pollo Isrra’ siempre ha conservado su timidez, cualidad personal fruto de su inmaculada religiosidad. Se considera un perfeccionista innato, su estilo es original, creativo, recursivo, elegante, con una sofisticada picardía y un fuego propio de los afrocaribeños.
Dentro de su timidez conserva una enorme solidaridad hacia sus colegas; siente y profesa una gran admiración por ese otro monstruo del acordeón, Alfredo Gutiérrez Vital, a quien elogia por su perseverancia dentro del medio artístico vallenato.
En cada interpretación, brinda la conquista de un amor, las ilusiones y las necesidades del cándido enamorado que recuerda en cada nota al amigo de sus primeros juegos infantiles; esas cosmogonías hacen parte de su ser, de un hombre inolvidable y trascendental para una música constituida en razón de vivencias y la opinión de sus incondicionales seguidores.
Años dorados
El 16 de junio de 1976 nació el Binomio de Oro; el primero de octubre de 1981 fue su primer concierto en el Madison Square Garden; el primero de diciembre de 1998 Israel Romero fue elegido el ‘Mejor Acordeonero del Mundo’; el 11 de junio de 1992 muere su cantante estrella, Rafael Orozco Maestre; en septiembre de 1993 se presenta al nuevo ‘Binomio de Oro de América’; en octubre de 1996 su grupo recibe Doble Disco de Platino, y hasta ahora sigue con sus tendencias musicales y proyectándose ante el mundo, algo que siempre estará dentro de su forma natural.
De manera reciente, Israel fue presidente ejecutivo del Festival Cuna de Acordeones en su pueblo natal Villanueva, La Guajira, y en el presente año fue homenajeado junto a Rafael Orozco Maestre y el Binomio de Oro en la edición 59 del Festival de la Leyenda Vallenata.
Por todas las razones anteriores, por su permanencia en la circunstancia artística y su virtuosismo a la hora de tocar el acordeón, Israel Romero Ospino se ha ganado un sitial de honor en el escenario musical de Colombia y el mundo.








