Soy de los colombianos que piensa que la vida hay que mirarla desde una perspectiva optimista, sin escepticismo y con fe y esperanzas. Con esa visión votaron los trece millones de colombianos cuando eligieron al abogado Abelardo De la Espriella como presidente de la República de Colombia con su propuesta programática de ‘La patria milagro’. Atrás quedó la narrativa de la potencia mundial de la vida y las tesis progresistas, y las mayorías de la nación le apostaron y se la jugaron por una nueva aventura democrática. La extrema coherencia y la era del imperio de la constitución y la Ley derrotaron a la extrema derecha, a la izquierda radical, al centro, a la guerrilla, al voto fusil, a Uribe y a Petro, como quien dice, derrotaron a la clase política tradicional, para que ingrese al escenario político, la era de los nunca. Colombia necesita un milagro para salvarla y los más pesimistas, ortodoxos y anacrónicos, siguen diciendo que se dio un salto al vacío y no un salto a ‘La patria milagro’.
En cambio, los colombianos optimistas como yo, que confiamos en la patria y los desafíos por construirla, esperamos que Dios esté en el asunto, y que, con su sabiduría suprema, le de discernimiento y ministre al nuevo presidente y ponga todo en su lugar, porque finalmente, separado de Dios nada podemos hacer. Colombia requiere departamentos y municipios seguros, ante todo, libertad y orden, como bien lo señala el escudo, como uno de los símbolos patrios de la nación. Mano dura para disuadir a los violentos y recuperar el territorio, en un país donde el responsable de todos los males que pesan sobre esta nación son los cultivos de drogas ilícitas y el narcoterrorismo y sus actividades conexas.
Colombia cree y confía en que llegó un presidente que quiere ponerle el cascabel al gato para alcanzar la paz con el sometimiento de los violentos y combatir frontalmente la pobreza con una política de hambre cero para los colombianos, cerrando las brechas sociales y generando bienestar para el país. La tarea no es nada fácil para el nuevo escenario de ‘La patria milagro’, pero entre todos los colombianos se puede alcanzar si se logra un gran acuerdo nacional con un memorando de entendimiento por la paz y el desarrollo social y económico de la nación aprovechando este momento de efervescencia y fervor popular por la reconstrucción del país. Aquí no debe haber vencedores ni vencidos, el país sigue polarizado en dos partes técnicamente iguales que deben escucharse y respetarse, quien se impuso fue la democracia participativa.
Habrá quienes gobiernan y quienes se oponen en busca del contrapeso y el equilibrio político, tal y como lo señala el estatuto de la oposición. A ligeros pincelazos en el lienzo del territorio nacional hay que trazar a blanco y negro y ponerle color a un nuevo proyecto de país, el que todos esperamos, y que hoy se bautizó como ‘La patria milagro’. El imperio de la constitución de 1991 y las leyes colombianas debe ser el rumbo norte del país, en ‘La patria milagro’.
Los violentos deben encontrar unas propuestas serias de sometimiento con garantías para apartarse de las armas y reconciliarse y reintegrarse a la vida nacional. Vivimos en un país hermoso, con sus particularidades territoriales y poblacionales en sus treinta y dos departamentos, multiétnico y pluricultural, donde la paz sería el mejor aguinaldo en las navidades que se avecinan.
El centralismo agobiante y la corrupción sistemática que hacen carrera en el país, deben llegar a su fin. Finalmente, en este Gobierno que inicia muchos colombianos hemos puesto nuestras esperanzas, para que se resuelvan los problemas estructurales del país con políticas públicas modernas de seguridad, anticorrupción, antiterrorismo y de lucha contra la pobreza y la reactivación de la economía. Sólo se debe mirar el espejo retrovisor para sacar el país del parqueadero donde lo dejaron y encender el dinamo de energía haciendo uso de la palanca de los cambios para echarlo hacia adelante con seguridad jurídica y mucha fe y optimismo.
Al nuevo presidente, un sector del país lo denominan el Bukele colombiano, por su parecido físico y su visión de país que le hace apología a ese vecino mandatario. Lo cierto es, que Colombia necesita con urgencia y a gritos la seguridad nacional, la reforma a la salud, la reforma pensional, agraria y laboral, pero no a ligeros pupitrazos sino concienzudamente estructuradas, discutidas y aprobadas por todos los estamentos sociales.








