“Hoy los odios fratricidas se apoderan de los campos; en vez de que el dulce canto, es anhelo de la vida. Pueblo escucha, eres mi patria hermosa; fuerte espina y dulce rosa y olvida el rencor”. El tema que nos preocupa y ocupa nuestra atención trajo a mi mente el aparte que hemos transcrito de la canción ‘Canto al Tolima’, cuya autoría ha sido objeto de controversia académica porque unos dicen que es Pedro García Díaz, o Guillermo Valencia. Esa canción la grabó Alejandro Durán en 1970, la incluyó en el LP titulado ‘Nuevamente’.
Soy por principio y por vocación defensor del derecho constitucional fundamental que las personas tienen de expresar lo que piensan, pero hay razones de conveniencia y oportunidad que ameritan una reflexión introspectiva antes de decir las cosas o de gritarlas cuando uno es persona pública, expuesta, representativa o exponente de cualquier actividad para la cual Dios nos premió con el talento para no quedar en el bulto. En días recientes pasados escuche a un muchacho cantante grisapiando con un asistente a una de sus presentaciones por temas políticos que deberían estar al margen de la música más representativa de Colombia y de sus protagonistas, sin duda, esos acontecimientos desafortunados causan pena ajena porque no pueden olvidar los músicos, y me refiero a todos los que se dedican a la música, sin importar si la tocan, la componen o la cantan, que ellos están llamados a dar buenos ejemplos a las nuevas generaciones, y no a constituirse en referentes de la intolerancia, la violencia verbal y la agresividad.
Quienes asistimos a los espectáculos públicos, en mi caso, generalmente en los cuales se interpreta música vallenata, asistimos allí para oxigenar la mente de tanta basura que se guarda por la verborrea insultante en las redes y las sinvergüenzuras que se publican y lo menos que uno espera es que quienes se encarapiten en las tarimas lleguen a exponer ante el público más de lo mismo, grisapiando con el vendedor de raspao que en medio de su rebusque se le ocurre gritarles alguna imprudencia, eso es echarle gasolina al fuego en este país donde el valor civil llega hasta dónde llega el instinto de conservación, porque una calumnia, un insulto o un tiro no se le niega a nadie.
Hoy recuerdo a mi padre cuando una vez que un tipo se voló la escuadra y casi me rompe el carro y no conforme con eso se bajó a insultarme, cuando yo estaba bajando el vidrio para enfrentarlo, papá me dijo “suba el vidrio y siga, uno nunca se debe coger a diente con los perros, los perros no saben ni tienen nada que perder”, para el caso, si alguien les falta al respeto o intenta agredirlos de hecho, para eso están los organizadores de los espectáculos, la Policía Nacional, el equipo de seguridad que los acompaña, inclusive la más importante de las ‘IAS’ que es la ciudadanía que puede controlar el tema, porque eso si, amargados hay en todas partes, pero no está bien que sin importarles la multitud de personas que fueron allá para verlos se agarren de tú a tú con el impertinente, muchas veces inclusive suspendiendo la presentación como si los centenares de inermes ciudadanos tuvieran que soportar las consecuencias de la mutua insolencia entre el artista y el vago, eso es imperdonable señores, me faltó poco para ser profeta, se los advierto esta vez, si no le bajan a la vaina, en cualquier momento tendremos que lamentar un desastre en un concierto, pasará como el hombre que incendio un pueblo por el robo de una gallina.
En nuestro país hay que admitirlo, ha sido históricamente marcado por la violencia, eso no es nuevo ni se acabará de la noche a la mañana, aquí la envidia, la ambición, el fanatismo, los negocios torcidos se han llevado por delante a muchas mentes que hoy le hacen falta a la Nación, le hacen falta a sus familias y también y de qué manera a la música vallenata. Un repasito superficial nos trae a la mente el 3 de septiembre de 1993 cuando Colombia le ganó a Argentina 5 a 0, ese día fue de gloria para el fútbol nacional, porque la gente estaba muy contenta se cometieron 70 asesinatos, o sea que salimos de a 14 muertos por cada gol, igual recordemos que el 2 de octubre de 1828 el Almirante José Prudencio Padilla fue asesinado al condenarlo a muerte con un montaje -el primer falso positivo del país- por física envidia y porque Mariano Montilla necesitaba vengarse de él porque le quitó la hembra.
Todavía hay muchos más, por ejemplo el líder Liberal Rafael Uribe Uribe héroe de la Guerra de Los Mil Días, quien se proyectaba como candidato presidencial fue asesinado a punta de hachuelazos en la cabeza el 15 de octubre de 1914 en las escalinatas del Capitolio Nacional; el 9 de abril de 1948 asesinaron a Gaitán quien se decía que sería elegido en futuras elecciones como presidente de la República; el 11 de octubre de 1987, fue asesinado Jaime Pardo Leal un brillante administrador de justicia que quiso servir a su país y sometió su nombre a las elecciones como aspirante a la Presidencia de la República; sigue la lista porque el 26 de abril de 1990 asesinaron a Carlos Pizarro líder del desmovilizado M19 cuando fungía como candidato presidencial; todavía muchos más.
Hacer humor político también tiene su precio en Colombia, precisamente por mamarle gallo a la politiquería y a sus aliados de la mafia fue asesinado el 13 de agosto de 1999 Jaime Garzón, por eso lo eliminaron por hacer chistes y parodias con todo lo que la gente buena sabía que hacía la gente mala,








