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Los festivales, entre su impacto sociocultural y la mendicidad

Los eventos deben ser incluyentes y participativos para garantizar la igualdad de las personas

Por: Luis Eduardo Acosta Medina
agosto 19, 2025
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Los festivales, entre su impacto sociocultural y la mendicidad
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“Llevo en mi recuerdo la fecha de mi partida, al pensar lo lejos que estaré del festival, porque al recordar forma parte de mi vida ese cielo azul que cubre a Valledupar”.

A propósito de las peripecias que se presentan cuando uno se embarca en temas de organización de festivales, vino a mi mente la canción ‘Despedida del festival’ de la autoría de Luis Francisco Mendoza Pitre, la cual grabó Jorge Oñate con Los Hermanos López en el año 1973, y fue incluida en el LP ‘El cantor de Fonseca’ a la cual corresponde el aparte preliminarmente transcrito.

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Algunos acontecimientos que se están presentando con relación a ciertos festivales nos han motivado para reflexionar sobre temas espinosos que en mi humilde opinión tienen la imagen de estos certámenes como corcho en remolino, y estamos en el momento preciso de tomar correctivos para evitar que a todos nos salga más caro el ajo que la carne.

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Lo primero que hay que pensar es en estrategias de financiación que permitan acabar con la moda de los palcos, porque las festividades de connotación colectiva deben ser incluyentes, participativas y garantizadas, debe haber una situación de igualdad de las personas ante las celebraciones públicas y sobre todo en aquellas que para su realización hayan recibido recursos públicos. Las fiestas son para unir y no para dividir.

Muchas veces me han dicho corroncho, javao y hasta anticuado por mi posición vertical en contra de la instalación de palcos que deben ser pagos por los concurrentes a los festivales para poder observar de cerca a los artistas en ‘Las galas’, conciertos, presentaciones o lo que se encarapite en tarima, pero prefiero sonrojarme diciendo lo que pienso para no andar después pálido tratando de justificar mentiras, pienso que esa vaina lo que produce es división y transmite el mensaje equivocado de que los festivales se han vuelto excluyentes, es ineludible que se tenga la percepción que quienes están en capacidad de pagar diez o más millones para sentarse allí son los únicos que pueden ver a sus artistas de cerca mientras el pueblo que el día que no trabaja no come solo los puede ver de lejos y  chiquiticos.

La otra vaina es que ya no se mide el éxito de los festivales por la calidad de las obras que se presentan en los concursos, el alto nivel de los verseadores en la piquería, ni por la habilidad de los músicos en el dominio del acordeón o del canto en sus presentaciones cuando son concursos de acordeones, el termómetro si el festival estuvo bueno o malo ahora es el tamaño del racimo de artistas que se lleva para los conciertos, hay una competencia peligrosa, innecesaria y fachosa entre festivales  que se disputan el reconocimiento de quién llevó más músicos y quiénes los más costosos para ser presentados en las famosas ‘Noches de gala’.

Lo que viene ocurriendo tiene el agravante que mientras ‘la tiran toda’ asumiendo costos descomunales para pagarle a las agrupaciones que contratan, sacrifican los concursos  y los premios, algunas veces los quedan debiendo y otras suprimen de la programación algunas competencias para que les rinda la plata para lo que consideran más importante, el espectáculo musical. Eso es imperdonable y les da la razón a quienes piensan que los festivales se están convirtiendo en negocios y eso no es conveniente.

La situación a la cual nos estamos refiriendo  tiene una relación umbilical también con otra cosa, es que uno observa en la institucionalidad un trato discriminatorio. Pechichan como muchacho primogénito  financieramente a los festivales considerados ‘grandes’. Para ellos no hay restricciones en el apoyo económico y logístico, pero a los festivales considerados chicos, que sí cumplen a plenitud el objetivo buscado con la fiesta que es recrear manifestaciones culturales, tradiciones, rescate del acervo cultural de los pueblos, les ponen el techo bajito, tienen que buscar padrinos, los tratan como si fueran mendigos, les maman gallo y después pretenden ‘apoyar’ con precarios recursos lo cual hace nugatorios los artículos 13 y 70 constitucionales que imperan que en Colombia todos nacemos libres e iguales ante la Ley y que la cultura en todas sus manifestaciones debe recibir el apoyo del Estado.

Es indiscutible que los festivales mueven pasiones, propician contrariedades, y despiertan intereses y tienen un impacto sociocultural de profundas connotaciones en nuestros pueblos por eso son tan necesarios, se constituyen en un aporte a la paz, a la felicidad y a la vida en estos tiempos cuando la sociedad parece dividida  entre quienes viven de la guerra, quienes las azuzan y quienes ponen los muertos, porque yo no creo que una persona que está pendiente de ir a ver concursos y a bailar salga de allí con ganas de asesinar a alguno de sus semejantes, esos festejos desarman los espíritus, son oportunidades para el reencuentro, la fraternidad y la cofradía, motivos suficientes para que sean defendidos por quienes soñamos con un porvenir colmado de bienaventuranzas para las actuales y futuras generaciones.

Para el Festival del Dulce de Leche de Monguí el pueblo donde enterraron mi ombligo  ya se iniciaron gestiones, y predicaremos con el ejemplo, nosotros daremos prelación a los concursantes, y ‘La parrilla’ será digna pero jamás ostentosa ni con racimo de agrupaciones, sacrificaremos otra vez el caché por lo sabroso y tenemos la esperanza que esta vez sí hay tiempo para que las entidades públicas y empresas a quienes hemos colocado de presente nuestro proyecto nos correspondan a la medida de las circunstancias.

Del mismo modo llamamos la atención para que no nos tome de sorpresa, no se puede olvidar por parte de los organizadores que todo aquel que ejecuta recursos del erario público, así sea una persona jurídica de naturaleza privada es sujeto de control fiscal, y por lo mismo las cuentas deben ser claras y el chocolate espeso, porque el día que se llegue a detectar que con recursos públicos  se pagaron las presentaciones de artistas y que a los contribuyentes se les cobró por repecharse allí a escucharlos no solo tendrán un proceso de responsabilidad fiscal en el tronco de la oreja sino también tendrán que ir a cantar a la Fiscalía General de La Nación, esa es la tapa de la cajeta, no quiero con esto ser pájaro de mal agüero, simplemente para hacerse los locos también hay que tener juicio, la alegría de la fiesta que a mí también me guasta no nos puede llevar a perder la cabeza, nos enseñó Maurice Maeterlinck, el dramaturgo y ensayista belga, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1911 que “las abejas siempre trabajan en la oscuridad, el pensamiento, siempre trabaja en secreto y la virtud siempre trabajara en silencio”.

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