En el Día Mundial de La Libertad de Prensa, la Flip vuelve a advertir que la violencia contra las mujeres periodistas continúa siendo una de las expresiones más graves de censura en Colombia.
Plantea la organización que la conmemoración a ese derecho fundamental no puede limitarse a solo denunciar agresiones externas contra las mujeres, es necesario abordar los desafíos estructurales dentro de las salas de redacción donde el acoso y la discriminación operan como una infraestructura de silenciamiento que deteriora la democracia.
A los casos denunciados sobre acoso en Caracol TV se suman otros datos que deben llamar a la reflexión como que, entre enero de 2025 y abril de 2026, la Flip documentó 137 casos de agresiones contra 77 mujeres periodistas provenientes de distintos ámbitos y tipos de agresores.
A esa cifra se suman los más de 200 testimonios reportados al consorcio Calladas Nunca Más sobre las agresiones al interior de los medios de comunicación, la intervención del Ministerio del Trabajo en diversos medios y a las más de 50 denuncias priorizadas por la Fiscalía.
Las cifras por sí solas hablan, las mujeres periodistas trabajando en escenarios donde son agredidas de diferentes maneras, y en muchas ocasiones en regiones lejanas donde el olvido es la compañía.
Como lo expresa claramente la Flip, la libertad de prensa se fractura cuando el entorno laboral, en lugar de proteger se convierte en el primer escenario que agrede y censura a las mujeres periodistas. No se trata solamente de un ambiente hostil, cuando las violencias basadas en género condicionan, limitan o castigan el ejercicio periodístico, constituyen una restricción directa al derecho a la libertad de expresión y de prensa.
Las violencias basadas en género producen una afectación directa en la libertad de prensa, entre otras, cuando la violencia psicológica y el acoso imponen control sobre lo que se dice o no se logra decir, convirtiéndose en una herramienta para censurar y desviar el trabajo de las mujeres agredidas.
En consecuencia, ese acoso ejercido en contra de las comunicadoras genera un impacto en el desempeño laboral, llevando a que muchas de ellas se abstengan de realizar investigaciones o coberturas de alto interés público o verse obligadas a abandonar el periodismo ante la ausencia de garantías. Incluso algunas mujeres que denuncian son excluidas y discriminadas por parte de sus jefes o compañeros de trabajo. Este efecto inhibitorio es una forma grave de restricción a la libertad de prensa porque expulsa a voces del debate público y consolida escenarios de autocensura.
