La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), en su informe anual de la relatoría especial para la Libertad de Expresión de este año, advierte que la situación en Colombia es crítica.
El informe se fundamenta en denuncias de asesinatos, atentados y amenazas contra periodistas.
En el documento se precisa que el 24% de los medios recibió amenazas para suspender coberturas y el 35% decidió no publicar información por seguridad.
Adicionalmente “se ha consolidado la autocensura como mecanismo de autoprotección entre los periodistas locales”.
Otro de los temas que se advierte en el informe es la existencia de perfiles en Facebook para amenazar periodistas.
Un informe de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), también señala cómo la violencia contra los periodistas se extiende a varias regiones del país, especialmente para quienes trabajan en zonas de conflicto armado.
Para la Flip, la defensa de la libertad de prensa y de expresión ha exigido con el tiempo mirar más allá de la agresión y atender el entramado de condiciones que hacen posible, o imposible el ejercicio periodístico.
Por ello, acompaña a periodistas, construyen herramientas de protección, fortalecen las capacidades locales y tejen alianzas desde la organización como parte de un aprendizaje compartido.
Al tiempo plantean que defender la libertad de prensa nunca ha sido fácil. Ha implicado incomodar al poder, cuestionar narrativas dominantes, insistir en el acceso a la información pública, acompañar a periodistas en los momentos más difíciles y recordar, una y otra vez, que sin periodismo libre no hay democracia posible.
La pregunta que plantea la Flip, ¿qué se pierde cuando el silencio se vuelve costumbre?
En un país atravesado por profundas desigualdades, conflictos armados persistentes y una polarización creciente, acostumbrarse a vivir con menos periodismo, acostumbrarse al silencio, no es una salida pragmática, es una renuncia peligrosa a la democracia.