El miedo se apodera de los habitantes de La Guajira, por los hechos de violencia que no dan tregua.
En los últimos años las muertes selectivas, las masacres, los atentados, hacen parte de la agenda de los guajiros que sobreviven en medio de un territorio que intenta redescubrirse para que sus hijos gocen de una mejor calidad de vida.
El tema es tan delicado porque los violentos ya viven en centros poblados como en Riohacha, Maicao, Uribia y Dibulla llegando a la población más joven que por falta de oportunidades de un empleo digno terminan sucumbiendo ante el dinero fácil.
Muchos son los factores que ayudan a que los violentos hagan suyo este territorio como la salida estratégica de las drogas que termina siendo clave para que operen de manera más cómoda y sin casi ningún control por parte del Ejército, la Policía y la Fiscalía.
De esos factores algunos expertos consideran que influyen en el recrudecimiento de la violencia la Ley 418 de la Paz Total, que busca preservar y garantizar la seguridad humana, a través de la solución definitiva del conflicto armado en Colombia, y que terminó beneficiando en algún momento a personajes como ‘Nain’ a quien reconocieron como gestor de paz y quien se movió como quiso en La Guajira, generando miedo por la forma como ejercía el terror a través de las balas.
El tiempo le dio la razón a la comunidad y hoy el Gobierno nacional persigue a su gestor de paz para capturarlo por todas las atrocidades que cometió en varios sitios del Departamento.
Todos los guajiros sin excepción deben alzar su voz contra estos hechos de violencia porque de alguna manera afecta el diario vivir, y porque a veces por diferentes circunstancias tocan a muchas familias que trabajan honestamente para sacar a sus hijos adelante.
A las autoridades del territorio no se les debe dejar solas, es importante seguir apoyándolos para que continúen exigiendo al Gobierno nacional que mire este tema con otros ojos para encontrar una salida que permita restablecer la seguridad ciudadana.
La Guajira no puede convertirse en el territorio de los violentos, donde pueden llegar para ejercer autoridad sembrando miedo en la comunidad.