Las altas temperaturas no dan tregua en La Guajira. El calor es intenso. La gente busca refugio debajo de los árboles. En el desierto solo se observan los espejismos, que afloran como muchos proyectos que aparecen y en la mayoría de veces se ‘congelan’ y convierten en elefantes blancos.
En Riohacha parece haberse instalado una cultura que convierte cada gran proyecto en una controversia interminable. Antes de conocer los estudios técnicos, de escuchar las explicaciones de los expertos o de analizar los beneficios colectivos, las obras ya tienen Sentencia. Se les redacta el epitafio antes de colocar la primera piedra.
Hoy la ciudad enfrenta dos debates que marcarán su futuro: la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales y la nueva plaza de mercado. Dos proyectos distintos, pero unidos por un mismo denominador: la división de la opinión pública y la dificultad para construir consensos alrededor de obras que responden a necesidades históricas.
No tenemos una Ptar, aunque existen los recursos para construirla. Las aguas residuales son vertidas al mar Caribe y los cuerpos de agua cercanos, afectando la salud pública, el medio ambiente y la imagen turística de la capital guajira.
La segunda polémica gira alrededor de la construcción de una nueva plaza de mercado. En primera instancia fue planteada como Plaza Artesanal, para darle estatus a nuestros emprendedores ancestrales. Muchos ciudadanos se preguntan por qué levantar otra infraestructura cuando a comienzos de los años noventa se invirtieron miles de millones de pesos en una central de abastos que nunca alcanzó el desarrollo esperado.
Pero también es cierto que la ciudad de hoy no es la misma de hace treinta años. La población ha crecido, las dinámicas comerciales cambiaron y las condiciones sanitarias exigen espacios modernos, organizados y seguros tanto para comerciantes como para consumidores. Si los estudios demuestran que una nueva plaza es la mejor alternativa, el debate debe centrarse en garantizar su viabilidad, su sostenibilidad y su adecuada localización.
Riohacha necesita recuperar la confianza. La ciudadanía tiene derecho a exigir transparencia, estudios serios, licitaciones limpias y vigilancia permanente sobre los recursos públicos. Pero esa vigilancia no debe confundirse con la costumbre de oponerse a todo sin conocer los proyectos en profundidad.
La capital guajira, no puede seguir atrapada entre la desconfianza y la parálisis. La Ptar, la nueva plaza de mercado, una vía circunvalar para mejorar la movilidad en el centro y otros proyectos, representan oportunidades para cerrar viejas deudas con la ciudad. Lo verdaderamente importante no es impedir que se construyan, sino asegurar que se hagan bien, con responsabilidad, transparencia y una visión de futuro que responda a las necesidades de las próximas generaciones.
