El abogado Abelardo De la Espriella, resultó ganador en la segunda vuelta por un estrecho margen que lo convierte en el nuevo presidente de Colombia de acuerdo con el preconteo una vez terminó la jornada electoral.
De la Espriella, asume un nuevo reto en su vida profesional acompañado del vicepresidente José Manuel Restrepo, quienes deben traducir en realidades lo que plasmaron en el Programa de Gobierno.
Los resultados muestran un país dividido, fragmentado, que no le será fácil al nuevo presidente lograr la unidad nacional, toda vez que el partido de izquierda fue ampliamente reconocido en los departamentos de la llamada periferia.
Los números son la muestra de lo que es Colombia, un país polarizado en donde a pesar de todas las circunstancias se manifiesta participando de las elecciones con dos candidatos totalmente opuestos.
Por eso es necesario respetar los resultados electorales, y en este caso la decisión que dé a conocer el Consejo Nacional Electoral, la máxima instancia para proclamar al nuevo presidente.
Dos temas clave promueve Abelardo De la Espriella, recuperar la seguridad y atacar la corrupción, lo que lamentablemente no logró el presidente Gustavo Petro en su Gobierno.
En su primer discurso como presidente electo, De la Espriella, expresó que terminó la campaña electoral, las consignas, las divisiones, los enfrentamientos políticos para comenzar la hora suprema de servicio a la patria.
A su contrincante político Iván Cepeda, le hizo saber que tendrá todas las garantías para ejercer la oposición siempre y cuando sea dentro del marco legal.
Las palabras fueron más allá cuando expresó que la verdadera paz no nace de la impunidad, nace de la justicia.
Para garantizar la seguridad ciudadana, planteó que no existe libertad sin seguridad, como tampoco democracia sin autoridad, y no existe Nación sin héroes como los policías y soldados que están dispuestos a defender la República.
Adujo también que gobernará para todos los colombianos, por los que votaron por él, y por quienes lo hicieron por Iván Cepeda.
El nuevo presidente debe ser lo suficientemente capaz de gobernar respetando la institucionalidad y la oposición, garantizando el respeto a los derechos humanos, a las voces diversas, el ambiente y la Constitución Nacional.


