Este 7 de agosto, en la ciudad de Cali, Colombia da un salto hacia una transformación, al menos eso lo ha propuesto el nuevo presidente Abelardo De la Espriella. Lo dijo en todas partes, en las plazas públicas, en los pueblos y veredas más remotas, en los sets de noticias, a través de los podcast y redes sociales. En cada lugar, anunció una ‘Patria Milagro’, liderada por un ‘Tigre’, que emergió del sector privado, apartándose de los tradicionales cuadros políticos del país.
Abelardo es un caribeño, formado en diferentes esferas sociales y regiones del país. Llegó a la Presidencia con una propuesta de mano firme frente al crimen. Ha prometido recuperar el control territorial, fortalecer la Fuerza Pública, utilizar inteligencia y tecnología y enfrentar de manera directa a las organizaciones criminales. Esa promesa tendrá que comenzar a demostrarse en territorios donde la extorsión, el contrabando, el narcotráfico, el tráfico de armas y la presencia de estructuras ilegales amenazan la tranquilidad de las comunidades.
Pero hay una verdad que el nuevo Gobierno no puede desconocer: la seguridad no se construye únicamente con fusiles.
En La Guajira, garantizar seguridad significa llevar agua a las comunidades, recuperar las vías, mejorar la educación, generar empleo, fortalecer la salud y ofrecer oportunidades a una juventud que no puede quedar a merced de las economías ilegales.
Significa también recuperar el control de la frontera con Venezuela. No puede existir una frontera prácticamente abandonada mientras por ella circulan mercancías de contrabando, armas, combustible y otras economías ilegales. Se necesita presencia efectiva del Estado, pero también comercio formal, infraestructura y desarrollo.
El presidente tendrá además que resolver una contradicción histórica: La Guajira produce enormes riquezas energéticas mientras buena parte de su población continúa padeciendo pobreza, falta de agua y deficiencias en los servicios públicos.
El desarrollo de los proyectos de gas, petróleo y energías renovables no puede significar únicamente sacar riqueza del territorio. Las comunidades tienen derecho a participar de sus beneficios. El Caribe no puede continuar aportando recursos naturales mientras recibe migajas del presupuesto nacional.
Y existe otro desafío: recuperar la confianza en las instituciones. La corrupción, el clientelismo y el despilfarro de recursos públicos han contribuido al deterioro de regiones enteras. Si la promesa es recomponer el país, tendrá que comenzar por exigir transparencia, resultados y responsabilidad a gobernadores, alcaldes y funcionarios.
Colombia necesita autoridad, pero una autoridad dentro de la Ley. Necesita una Fuerza Pública fortalecida, pero también una justicia que funcione. Necesita cárceles, pero sobre todo prevención y oportunidades.
Desde La Guajira le decimos al nuevo presidente: el Caribe está dispuesto a acompañar al Gobierno, pero también está dispuesto a exigirle. ¡Bienvenida la era del ‘Tigre’!
