Editorial Diario del Norte
Editorial

La hora del agua

La visita del presidente Abelardo De la Espriella a La Guajira dejó sobre la mesa uno de los compromisos que, por años, han esperado los habitantes de este…

La visita del presidente Abelardo De la Espriella a La Guajira dejó sobre la mesa uno de los compromisos que, por años, han esperado los habitantes de este Departamento: convertir la represa del Ranchería, particularmente el embalse El Cercado, en una verdadera fuente de desarrollo, agua potable, producción agrícola y bienestar para las comunidades.

En San Juan del Cesar, el mandatario fue directo al señalar que la represa no puede continuar siendo el símbolo de una obra en la que se invirtieron enormes recursos sin que la población haya recibido plenamente sus beneficios. Por ello, anunció instrucciones al Ministerio de Agricultura para estructurar, con apoyo de la cooperación internacional, un mecanismo financiero que permita poner en operación El Cercado.

Este anuncio tiene una enorme importancia para La Guajira. Pero también representa una enorme responsabilidad. El Departamento ha escuchado durante décadas promesas alrededor del Ranchería. Por eso, esta vez no bastan discursos, reuniones, estudios ni nuevas fotografías. Se necesita una ruta concreta: recursos, cronograma, responsables, obras y resultados verificables.

El presidente también planteó ampliar el sistema regional para que el agua pueda beneficiar a más municipios y comunidades, incluyendo la posibilidad de avanzar hacia Barrancas y Hatonuevo. Y aquí aparece la verdadera dimensión del proyecto: el agua no debe entenderse únicamente como un servicio para los hogares. En una región golpeada por la sequía y el fenómeno de El Niño, significa también agricultura, ganadería, empleo, seguridad alimentaria y posibilidades reales de desarrollo.

Pero mientras se resuelve el futuro del Ranchería, La Guajira no puede esperar. En Riohacha se anunciaron recursos para atender necesidades inmediatas de abastecimiento de agua potable, con énfasis también en Uribia, la Alta Guajira y otras zonas críticas. El Gobierno nacional ha señalado una inversión aproximada de 7.500 millones de pesos para estas acciones.

Ese es el otro gran desafío: que el agua llegue hoy a quienes no pueden esperar a que mañana termine una gran obra.

La Guajira necesita que la visita presidencial no quede como un capítulo más de una larga lista de compromisos. El Ranchería debe convertirse en una realidad productiva y social, mientras las comunidades de la Alta Guajira y de los sectores más golpeados reciben soluciones inmediatas, dignas y sostenibles.

El presidente dijo que vino a gobernar desde el territorio y a asumir compromisos serios, responsables y financiables. Ahora corresponde a La Guajira hacer seguimiento, exigir transparencia y preguntar, desde el primer día: ¿cuándo comenzarán las obras y cuándo llegará el agua?

Definitivamente, para un Departamento sediento, el tiempo de las promesas debe quedar atrás. La hora del Ranchería tiene que ser el momento real del agua. Atrás deben quedar los anuncios sin respaldo financiero.

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