El Decreto 0802 del pasado 23 de julio, fue claro. Nos encontramos bajo el espectro de un desastre nacional. Eso es preocupante para toda la población, aunque algunos funcionarios, alcaldes, gobernadores, parecen atrapados del letargo casi natural que genera la etapa postelectoral.
Eso es grave. La población se encuentra inerme, ante los anuncios del Ideam y otros organismos que vigilan los efectos atmosféricos. Asocapitales acaba de entregar un mapa de las regiones que serían más afectadas por el fenómeno del Niño que, pese a no estar en pleno furor, ya afecta a los pobladores, especialmente a los campesinos.
De acuerdo al mapa de Asocapitales, ciudades como Santa Marta, San Andrés, Riohacha, Cúcuta, Valledupar, Yopal y Quibdó, están bajo alerta roja.
Mientras que, Montería, Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y, nueve capitales más, aparecen registrada con alerta naranja. Todas las regiones del país, tienen riesgos. No hay una zona definida como libre de peligro.
Se dice que, este será el Niño con peores repercusiones. El último fenómeno de fuertes sequías fue entre el 2014 -2015, en donde se produjeron millonarias pérdidas en el sector ganadero y agrícola, dejando ríos y arroyos convertidos en verdaderas autopistas de piedras.
En La Guajira, el fenómeno adquiere una dimensión mucho más delicada. Aquí la sequía no es un episodio excepcional, forma parte de la realidad cotidiana de miles de familias. Comunidades indígenas wayuú, campesinos y pequeños productores llevan años conviviendo con la falta de agua, mientras los municipios enfrentan enormes dificultades para garantizar el abastecimiento permanente del líquido.
La semana pasada campesinos del extremo sur del Distrito de Riohacha, lanzaron su alerta porque sus cultivos se perdieron. En invierno, las mangueras y los canales de riego fueron arrastrados por las avalanchas. Ahora sin agua, no tienen mangueras para transportar el preciado líquido, desde otras zonas de la montaña para salvar a sus animales. La experiencia demuestra que cada fenómeno de El Niño deja lecciones que el país suele olvidar cuando regresan las lluvias.
La Guajira conoce el valor de cada gota de agua. Por eso, la preparación debe comenzar desde ahora. Si las instituciones cumplen su deber y la ciudadanía asume una cultura de prevención y uso responsable del agua, el Departamento podrá enfrentar este desafío con mayores posibilidades de proteger la vida, el ambiente y su economía. El Niño ya está tocando la puerta. Ignorarlo sería el peor de los errores.
Corpoguajira acaba de entregar un informe sobre las medidas que ellos han asumido. Falta que todos los alcaldes, liderados por el gobernador Jairo Aguilar, se pongan al frente de esta nueva emergencia. Lo que se viene será un poco más fácil de atender, si lo hacemos de forma planificada.
