Colombia ha estado marcada históricamente por la división bipartidista entre liberales y conservadores, cuyas diferencias ideológicas definieron el panorama político durante décadas. Sin embargo, más allá de estos extremos, siempre han existido corrientes que buscan el equilibrio. Dentro de los mismos partidos tradicionales surgieron y perduran grupos que profesan ideas de centro e izquierda, como sectores destacados dentro del Partido Liberal. Estas posturas moderadas o progresistas demuestran que el espectro político es diverso y que el diálogo es posible entre distintas visiones de país.
Hoy enfrentamos una polarización política notable, impulsada a menudo, por la falta de entendimiento sobre los conceptos de izquierda y derecha. Es fundamental aclarar estas ideologías para fomentar un debate informado y constructivo, buscando superar la ignorancia en estos temas cruciales, porque carecemos de las bases para un análisis necesario y crítico, para que el pueblo pueda analizar las propuestas y, de igual forma, entender el panorama político y participar activamente en la construcción de un futuro más equitativo y próspero para el país.
Tenemos que reconocer que la ignorancia histórica nos deja vulnerables. Sin conocimientos sobre los orígenes de las corrientes políticas y sociales que han moldeado nuestro mundo. Esta falta de entendimiento nos empuja a adoptar posturas intransigentes, a menudo sin fundamentos, donde defendemos ideas con la vehemencia de energúmenos. Nos convertimos en ecos de opiniones ajenas, incapaces de entender la verdad de los discursos. Solo, a través del estudio y la reflexión sobre el pasado, podemos construir argumentos sólidos. Por esa razón, sin claridad ideológica, no hay debate serio
Un evento fortuito, en 1789, durante la Asamblea Nacional Francesa, dio origen a la polarización política. Los defensores del Ancien Régime, (Régimen antiguo) partidarios de mantener el poder monárquico y las estructuras sociales existentes, se ubicaron a la derecha del presidente, simbolizando la conservación y el privilegio. En contraste, aquellos que clamaban por igualdad, equidad y un cambio radical en la sociedad, se congregaron a la izquierda. Este arreglo espacial, marcó el nacimiento de la ‘derecha’ e ‘izquierda’ en el espectro político, perdurando hasta nuestros días.
En la Asamblea Nacional de 1789, la disposición física definía la política. A la derecha se sentaban los aristócratas y el alto clero, defensores del orden tradicional, la monarquía absoluta y los privilegios feudales. A la izquierda se ubicaban los miembros del Tercer Estado y revolucionarios, abogados y burgueses que exigían reformas, derechos igualitarios y un Gobierno constitucional. Esta división histórica originó los términos políticos que aún usamos hoy para clasificar ideologías conservadoras y progresistas en todo el mundo; como una forma de clasificar ideologías y posturas frente al poder y la justicia social.
A pesar de lo anterior, y específicamente desde la Constitución de 1991, se abrió el escenario para la proliferación de nuevos movimientos y partidos con diversas diferencias ideológicas. Sin embargo, la realidad política ha demostrado que, con el paso del tiempo, siempre terminamos convergiendo hacia un mismo punto. A pesar de la aparente variedad, Colombia permanece profundamente marcada por una fuerte polarización que divide a la sociedad y a sus dirigentes en dos grandes bandos irreconciliables: la derecha y la izquierda.
Carl Sagan, el renombrado cosmólogo estadounidense, advirtió con razón que una sociedad desprovista de pensamiento crítico se convierte en presa fácil para cualquier charlatán. Esta preocupante realidad se manifiesta hoy en nuestra patria, donde aquellos que proclaman defenderla a menudo resultan ser meros embaucadores. La falta de discernimiento y la tendencia a aceptar discursos sin cuestionar abren la puerta a la manipulación. Es crucial fomentar el pensamiento crítico para proteger nuestra sociedad de la retórica vacía y las falsas promesas, garantizando así un futuro más informado y resiliente.
En la sociedad actual, es crucial abordar el impacto del analfabetismo político, un fenómeno que limita la participación ciudadana informada y fomenta la desvinculación. Lamentablemente, este vacío es a menudo explotado por quienes se dedican a criticar, calumniar y desinformar. Para contrarrestar el analfabetismo político y la desinformación, es esencial promover una cultura de pensamiento crítico. Esto implica enseñar a las personas a cuestionar la información que reciben, a identificar sesgos y a buscar múltiples fuentes antes de formular una opinión.







