Estamos a merced de los abusos de ciertos medios de comunicación, incluyendo los nuevos y los tradicionales, quienes manipulan, tergiversan y amplifican las noticias, causando desinformación maliciosa y errónea que constituye confusión en la población. El abuso de los nuevos medios, permite, en las redes sociales, lograr una audiencia mayoritaria, fácil y económica. Además, los periodistas, que han abandonado la noble profesión del periodismo, cambiándolo por un oficio servil; ahora son los encantadores de serpientes con el ‘pungi’ de las falsas noticias; fake news, en tiempos modernos.
Son estos canales de información por donde discurren los políticos, con sus políticas rancias, cambiando la mentalidad de los pueblos, dividiendo y polarizando, disfrazados de una falsa moral, diciéndonos que salvemos la democracia y la libertad y creemos y repetimos con los ojos cerrados; mansos e ignorantes. Por eso, no miramos una sociedad confrontada, pero si estamos viviendo la historia bíblica de Caín y Abel: donde los hermanos se llenaban de odios, violencia, envidia, llegando hasta el crimen. Todo esto va en contradicción de un sistema político y democrático.
Las próximas elecciones, en 2026, faltando aún más de un año, ya muchos aspirantes, precandidatos y precandidatas, han levantado el vuelo con sus campañas hacia la primera magistratura del país, algunas con las alas de Ícaro otras, con pies de plomo, no han podido despegar. Pero causa vergüenza la forma como se presentan, ofreciéndose como salvadores del país, “arreglo este platanal en ocho meses”; otros removiendo los trastos de la seguridad democrática que dejó un rastro de sangre a lo largo y ancho en la historia de Colombia.
Causan estupor esas propuestas. Tiene razón, la periodista estadounidense, Anne Applebaum, sintetizando que esos fenómenos son síntomas del debilitamiento global de la democracia, aquel sistema de Gobierno que otrora se consideraba exitoso. Frente a esta crisis, es necesario someterla a una reflexión importante y que arroje resultados positivos para la recomposición del sistema, recobrando la confianza y credibilidad en las instituciones. Sin embargo, los políticos, utilizan la estrategia de Noam Chomsky; ‘Problema-reacción-solución’, creado en el caos, para presentarse ante el pueblo como salvador, ofreciendo soluciones. (Ej: las dos de arriba).
Lamentablemente, en Colombia se ha acentuado este fenómeno, porque quienes ostentan el título de político o líder, son los acaudalados de dulces empresas, y una gran mayoría de personas, especialmente de los estratos bajos, manipulados por la desinformación, la cual juega un papel importante en este proceso, piensan que ellos son la panacea para los problemas del país. Tener dinero no es sinónimo de líder, son representantes del poder económico buscando aumentar sus bienes a costo del pueblo; lo que el pueblo no entiende.
Por eso, con la proliferación de noticias falsas y la manipulación informativa, nos están llevando al ocaso de la democracia. Es bueno recordar el significado de democracia, como Gobierno basado en la voluntad del pueblo, sin embargo, los llamados padres de la patria, hoy con aspiraciones presidenciales, han tergiversado el sentido democrático, llamado peyorativamente, ‘populismo’, medida de gobiernos populares, derivado de popular, perteneciente al pueblo. Piden que cuidemos la democracia, pero nos condenan a la mentira, la manipulación, con políticas rancias.
Cabe recordar que, políticas rancias, son aquellas anticuadas, donde era costumbre alardeaba de ser mejores que sus contrincantes, ofensas, maltrato verbal y amenazas, era el plato principal. Hoy estamos dentro de ese contexto; se insulta, se calumnia y amenaza igualmente, especialmente los de la oposición al Gobierno, dándose golpes de pecho y con insultos vulgares, que violan la constitución, contra el presidente, actividad que realizan de forma sincronizada diariamente con un tema diferente.
Gracias a los medios informativos y redes sociales, estamos sometidos completamente al dominio de la mentira. Como lo dijo Hannah Arendt, que un pueblo que no puede distinguir entre la verdad y la mentira, no puede distinguir el bien y el mal. Además, está privado de poder pensar. Esta es la verdadera razón del subdesarrollo de Colombia, que sin entendimiento justifican sus actuaciones como necesarias. Concluyó con una frase del novelista austriaco, Franz Werfel: “Para el que cree no es necesaria ninguna explicación: para el que no cree, toda explicación sobra”.








