Al presidente Gustavo Petro Urrego, se le cumplió el deseo de ser presidente. No fue lo mejor, como se espera en democracia de los mandatarios elegidos en cada período de Gobierno, sujetos a términos limitados de duración que deben aprovecharse al máximo para registrar resultados positivos, no dedicarse a malgastar el tiempo en prácticas de corrupción, omisiones, incumplimiento de promesas, confrontaciones improductivas, brollos y asuntos no prioritarios, frente a necesidades de soluciones emergentes que no deben descuidarse para prevenir el acrecentamientos de problemas que están en todas partes, por ausencia de Gobierno y negligencia de mandatarios. Todos prometen en campaña política acabar con la corrupción, pero inician las administraciones vinculando en burocracias y contrataciones, una cantidad de personas, contaminada del terrible mal, que mantiene a las administraciones públicas patas arriba.
Una nación sin seguridad es un peligro. Así vivimos o sobrevivimos en Colombia, donde la seguridad no se refleja por ninguna parte y nos mantiene viviendo en zozobra y alta tensión por falta de garantías y descontrol delincuencial, que predomina en las autoridades de instituciones públicas, de las que podemos mencionar tres ramas de los poderes públicos, sin excepción alguna y dependencias de estas, autoridades penales, disciplinarias y control fiscal, cuerpos armados, Policía, Ejército y similares. Aterra la inseguridad en los trámites administrativos y judiciales que afecta de manera especial a la salud pública y usuarios de servicios públicos.
En calles y vías públicas, la delincuencia está desatada, al acecho, para extorsionar y amenazar a los representantes de establecimientos de servicios y locales de comercios, víctimas que padecen los estragos de bacrines, clanes, delincuencia común y organizaciones al margen de la Ley. Igualmente ocurre con secuestros, hurtos, atracos armados y sicariatos entre otros, que a diario se cometen y nada se hace por evitarlo y ponerle fin a las citadas prácticas que están bajo el dominio absoluto de las organizaciones delincuenciales armadas, sometiendo a la ciudadanía con sus desmanes e intimidaciones, que vienen operando desde hace mucho rato, en zonas urbanas y rurales, aprovechando la pasividad y negligencia de la Policía, en lo relacionado a persecuciones y freno del accionar delictivo. Actúan sin miedo ni temor a las autoridades de prevención y control, de seguridad y crimen.
El presidente Gustavo Petro no sirvió para gobernar, a diferencia de debatir y confrontar temas y asuntos de corrupción, objeto de denuncia con las que tuvo resultados efectivos que dieron con el encarcelamiento de muchos servidores públicos, entre ellos algunos congresistas. En lo relacionado con Gobierno, ha sido diferente por falta de comunicación, cohesión y desconexión integral estructural, con los equipos de labores en operación administrativa, proyecciones y programas de diferentes formas.
El presidente Petro se manifiesta con decisión absoluta, similar al presidente de EE.UU., Donad Trump. Mandatarios que no escuchan ni consejos ni asesorías, cerrándose en su criterio personal, validando únicamente lo que quieren, así no sea posible sin admitir sugerencias ni contradicciones, aun cuando le demuestre estar equivocado, de forma objetiva y aclaratoria. Tiene actitud autoritaria, caprichosa y temeraria, que no resultan fructíferas sino fallidas, originando fracasos y frustraciones por falta de equilibrio estabilizador y alteraciones emocionales. Esos mandatarios se extralimitan y exceden de funciones y competencia de Gobierno, transformándose en dictadores, inflados de egolatría, en gloriado de su desfachatez.
El presidente Gustavo Petro, se dedicó más a viajar que a gobernar. Viajó al exterior 81 veces, descuidando manejos y controles del mandato interno, ocasionando descoordinaciones, desórdenes y facultades de beneficios particulares, contrarios al interés general que debe prevalecer siempre en favor de necesidades apremiantes. Estas circunstancias generadoras de inconformismo, por causa de desatención y apropiaciones abusivas de funcionarios que asumen acciones de diferentes índoles negativas.
El Gobierno de Gustavo Petro, batió un récord histórico en nombramiento de ministros, 65 en total durante el periodo de Gobierno. Cada cambio de ministros implica iniciar de nuevo, lo que conlleva a retrasos en el direccionamiento de una Administración pública, cuyo término de duración de Gobierno es (4) años. Muchos desaciertos en los nombramientos de embajadores, cónsules y demás agentes diplomáticos, por incumplir con requisitos legales que generaron demanda de nulidad sobre varios nombramientos que terminaron anulados. Otros funcionarios del Ministerio del Exterior fueron corbatas burocráticas para compensar favores políticos, sin reflejar utilidad y beneficio a la nación, que asume el presupuesto de gastos y obligación de funcionamiento.
Familiares y personas allegadas al presidente Gustavo Petro, incurrieron en hechos de corrupción valiéndose de confianza y falta de controles, que originaron disputas y choques internos impulsados por prácticas de corrupción, que repercute en desaciertos del mandatario originando cantidades de denuncias, que cursan en la Fiscalía y cuyos resultados se producirán después de llamamientos a juicio. El Gobierno desde su inicio, partió torcido y no se enderezó en el curso de tránsito, más bien, siguió retorciendo con los protagonistas Nicolas Petro, Benedetti, Sarabia, Rodríguez, Saade, Buitrago, Carrillo, González, Leyva, Olmedo, Reyes, Barrera, Bonilla, Velasco, Roa, Ortizy por último, Angie Rodríguez, que terminó denunciando al presidente en la Comisión de Acusación en la Cámara de Representantes.
El presidente Petro es adicto a las confrontaciones y enfrentamientos verbales. Busca siempre ser el centro de atención. Sufre de obsesiones, revanchismo, rencores y hasta envidia. Le fascina emocionar con mensajes y comentarios relacionados con controversias y chismes. No es de trato agradable, es altanero y escandaloso. Incumplido y retrasado en horarios programados También indescifrable o de luna que constantemente lanza pullas directas e indirectas. Regaña ridiculizando, atribuyendo responsabilidades que a él también lo comprometen, pero se acostumbra acusar a los demás y exonerarse de culpa.
La virtud de mandatario es empatizar las relaciones de Gobierno y gobernados, no el de estar constantemente peleando ni dividiendo por ideología religiosa o políticas contrarias, al pensamiento del que gobierna, respetando las diferencias en medio de diálogos y concertaciones apropiadas para hacer y mejorar las cosas, materializando acuerdos valiosos, cordiales y armonizando factores viables de buena fe y respeto, conforme a las disposiciones legales vigentes.
El Gobierno de Petro termina sin tener paz total, como había sido una de sus banderas y Programa de Gobierno. Tampoco terminamos pareciéndonos a Venezuela, como muchos lo presagiaban y aseguraban. A nadie se acosó, ni le expropiaron bienes por ser de tendencias diferentes. Entregó tierra reivindicada a las organizaciones de guerrillas y paramilitarismo que habían sido parodiadas por fuerza y muerte, en territorios plagados de violencia. El dólar lo recibió Petro en $4.500 y lo está dejando en $3000 cuando los detractores calculaban que terminaría en un valor superior a los siete mil pesos. Bajó el desempleo y la inflación, mejoró el apoyo a la educación gratuita, amplió la ayuda de asistencialismo a mayores de la tercera edad, reformó el régimen laboral, pensional e incrementó el salario mínimo y niveló los salarios de soldados del Ejército, pero sigue elevada la inseguridad en Colombia.








