Cuando conocí a María Angélica Egurrola, a quien todos llamábamos ‘Leca’, su hermana, María Teresa, ya era la Reina. De hecho, la primera presentación social venía con esa etiqueta obligatoria: «Ella es la hermana de la Reina».
Coincidimos a finales de los noventa, llenas de ese entusiasmo, de juventud, recién graduadas y la quijotesca ilusión de aportar al progreso de nuestra tierra. Esto fue durante el Gobierno de su paisano y mi jefe de entonces, el doctor Álvaro Cuello, una época que nos unió en el mismo sueño.
‘Leca’ se casó con César Ballesteros, un joven que yo conocía de mi combo de vacaciones universitarias, y se convirtió en una madre prolífica y querida. Tuvo cuatro hijos y, entre barriga y barriga, echó raíces profundas y cultivó grandes amistades en mi Riohacha, que ella hizo también su tierra.
Así, genuina, auténtica y sin pelos en la lengua, se ganó el cariño de mis paisanos y, por supuesto, el mío.
Aún hoy, en los recordatorios de Facebook, me tropiezo con sus sinceros comentarios y piropos a mis publicaciones, un testimonio de admiración y respeto recíproco, un afecto sin condumio y un cariño sin cuchicheos.
‘Leca’ se fue, porque así lo quiso Dios, y quedamos enguayabados tanto en San Juan como en Riohacha. Con melancolía vemos todavía esas fotos llenas del amor de toda su familia. Y es ahora su hija, Lilia, Miss Guajira 2025, quien nos la trae de vuelta, encarnando un amor eterno: el amor de madre e hija.
Y como quien quiere a la vaca, quiere al ternero…
No puedo pasar por manteca a la hija de ‘Leca’ para desearle el mayor de los éxitos en su participación.
A ‘Yiya’, como apuesto y le dirán, la empecé a seguir en redes y me cautivó de inmediato. En ella veo gestos de su madre, y es un placer recordarla.
La muchachita tiene porte, gracia y elegancia, y cuando habla, sencillamente encanta.
Supe que es médica, al igual que su padre, a quien me place imaginar engreído y orgulloso de su Reina.
Supongo que no le faltará el acompañamiento de su tía, y contando con la experiencia de la Miss Colombia 1988, sumado a la madurez y preparación de una doctora recién graduada, diría que tiene todos los juguetes para una representación impecable. Deseo, con todo mi corazón que le alcance pa’ cetro y corona.
Desde arriba, un ángel sonreirá, la cuidará y le despejará el camino para que brille con luz propia. Pero eso sí, abasteciéndose de los principios y valores sembrados por su madre.
Querida ‘Leca’, de tantas cosas buenas que supiste hacer en esta vida, parir buenos pelaos fue tu mejor virtud; un legado que hoy, quienes te conocimos y apreciamos, sabremos valorar.
¡Hermosa Lilia! Muestra tu casta de reinas. Las lágrimas quedaron atrás y hoy deseo que las fiestas novembrinas retumben de alegría en tu noble corazón.








