Cada vez que se enciende el debate sobre si una canción o formato es o no vallenato, surge la palabra “esencia” como tema ineludible. Los melómanos o actores de la vallenatía, sacan a relucir esta palabra para dar a entender que existe un punto de referencia, una raíz o polo de base y que la cercanía o distancia con relación a este, es lo que define si una canción es no vallenata. Se apela tanto a este argumento que, muchos, entre los que me incluyo, se han preguntado –¿Y cuál es esa tan cacareada esencia?– Pero, ninguno de los “esencialistas”, suele explicar esto, parece ser que la vaguedad fuera el principal atributo de esa esencia.
El músico y docente Roger Bermúdez anunció que va a demostrar musicológicamente, cuál es esa esencia. Desde ya, me declaro a la expectativa y ojalá sea pronto. Mientras tanto, vayamos aportando al debate. En algunos géneros musicales, en los cuales solo hay una forma, como el bolero o merengue dominicano, es más fácil identificar esa esencia en el patrón rítmico. Pero, en el caso del vallenato, existen cuatro formas festivaleras o tradicionales y muchas más emergentes. Así que, si para algunos, esa permanencia rítmica del paseo, son, merengue y puya es la esencia, qué pasa cuando emergen nuevas formas, que aunque no la acepten en los festivales no es que dejen de ser vallenatas.
Por otra parte, si para algunos, la esencia es una manera de tocar el acordeón, sería bueno acudir a la tesis de Roger Bermúdez según la cual, “el vallenato no es un formato organológico, sino un lenguaje”. Y le concedo toda la razón, porque hemos escuchado tantas veces el género interpretado por guitarras, arpas o dulzainas. Se podría pensar que es una manera de cantar, pero es mucho lo que ha cambiado del canto recio de los primeros juglares hasta llegar al fraseo urbano de un Kaleth Morales.
Si ponemos el foco en la estructura de la canción, encontramos que hay muchas rupturas entre las canciones de cuatro versos simétricos y octosílabos del periodo campesino hasta llegar a una nueva ola con canciones jergales, con exacerbado machismo y letras ligeras. Es decir, no es claro qué ha permanecido en lo organológico, el canto ni la composición, no asoman tan claras las esencias.
Para algunos, la esencia es el sentimiento que subyace en cada canción (como lo expresa Sergio Moya: “el sentimiento se vuelve canción”). Frente a esto, surgen interrogantes: qué pasa cuando la canción es meramente narrativa, no nace de ningún estado de ánimo. Tampoco hay sentimiento, sino interés en una canción que “fabrica” un autor porque se la encarga un intérprete o la crea solo para participar en un festival y ganarse unos pesos. Así que no siempre habrá sentimiento ni siempre la esencia será que cantan emociones o vivencias reales del autor.
Se ha demostrado ya que la mayoría de canciones vallenatas no son narrativas, así que esa forma expresiva tampoco es la esencia; si algunos creen que la poesía es su principal polo, no sé qué tiene de poesía canciones vallenatas como ‘La puerca’, ‘La perra’, ‘La yuca y la tajá’, ‘La espelucá’ o esa que dice ‘El hombre es como el perro…’.
Nos toca esperar que, desde la musicología nos den las respuestas que hasta ahora nadie tiene.







