Pero, ¿a qué obedece esto? Pues no ha sido suerte que los últimos ocho gobernadores elegidos popularmente han terminado sus mandatos inhabilitados, destituidos o condenados por la justicia. Tal situación nos ha mantenido en zozobra, bajo señalamientos de la opinión nacional que no perdona y que nos estigma de corruptos y atrasados; lastimando en el orgullo guajiro de aquellos que nos consideramos ciudadanos de bien.
Como dijo F. Underwood, protagonista de una serie de Netflix: “No es casualidad que la palabra urna se utilice en la política y en las funerarias”, pues aquí hemos sepultado el destino del Departamento con nuestros votos; ya La Guajira no es esa dama engalanada que dice la canción de H. Marín, hoy nos encontramos en detrimento y sumergidos en atraso gracias a los que se han enriquecido del erario y que muy poco se han preocupado por las necesidades de los guajiros.
Con tanta riqueza que hay aquí, deberíamos ser uno de los lugares más prósperos de la nación, donde el sector público junto al privado, se mancomunen para jalar el desarrollo económico que permita que cifras como las de la pobreza, nos dejen de avergonzar.
Sin embargo, los jóvenes que vemos con preocupación estas circunstancias, estamos en la obligación de trabajar y contribuir a mejorar las oportunidades de empleo y acceso a educación superior local, puesto que muchos nos hemos visto obligados a emigrar a otras latitudes del país, para lograr ser profesionales.
Es muy chocante nuestra realidad, pero estamos a tiempo de hacer pausa al rumbo que se lleva y tratar de encarrilarlo, con sentido de pertenencia y conciencia social, pero no será posible si en las venideras elecciones no tomamos buenas decisiones.
Casi se me olvida: si los nuevos liderazgos nos unimos, seguramente haremos algo que cause impacto en el Departamento.







