La constitución del 91 no es un empate político y magnánimo, como así lo quieren defender los protagonistas de esa Constitución, entre ellos los del M-19; en materia económica la Constitución del 91 es furibundamente neoliberal y violenta. No en vano en todos los países capitalistas le han dado el mismo carácter al Banco Central: un calco el uno del otro – manejo totalmente independiente del Gobierno de las políticas monetarias y de reserva – autónomo; en el fondo de reserva: el poder del dólar y del sector financiero como lo exige el FMI. En Colombia el Banco de la República, no tiene nada de patriótico, todo lo contrario, alejado de los intereses nacionales. En el Banco de la República lo técnico es un aspecto secundario y fútil; sus directores son amansados, entrenados y redomados politiqueros que responden hasta en los tuétanos a los intereses del sector financiero.
El pueblo colombiano requiere y grita a todo pulmón una nueva Constitución, emanada de una Asamblea Nacional Constituyente: democrática y popular, conformada por todos los estamentos sociales, con representación de los obreros, campesinos y comunales, y todos los estamentos populares, para entre otros temas, reorientar a una política monetaria y financieramente patriótica, libre de ligaduras imperialistas, sin dolarización; una moneda fuerte como ancla fundamental para el comercio internacional. Necesitamos un Banco Central que incida enormemente en el fomento de nuestra economía, en especial la agricultura y la manufactura.
Un Banco Central con un papelón chucuto, con unos administradores obedientes a un guión de actores secundarios de la ralea mundial del capitalismo bilderbergeriano, ajustados a las pretensiones inmorales y antinacionales de Blackrock, que se engulle los papeles de deuda pública de los países dependientes, a los que el FMI llama a fortalecer al sector financiero o banca privada ‘nacional’ que actúa como efluente de los ‘gestores’ inversionistas Blackrock y Vanguard: dos instituciones distintas con un solo patrón en las finanzas internacionales que destruyen países mediante guerras y después, llegan como goleros a ‘invertir’ en la reconstrucción como en Gaza. Papel inmoral.
Llora el Gobierno nacional por el incremento de 100 puntos de la tasa de interés determinada recientemente por la Junta Directiva del Banco de la República (11,25%), se conforma y reclama el Gobierno tasas bajitas, un caramelo engañoso, claro, esta vez, en este momento concreto – electoral – la tasa tiene su objetivo: ‘asfixiar financieramente al Gobierno’ mediante el acechamiento convenido con el poder legislativo y judicial: se niegan en el parlamento las reformas y en el judicial ahogan los decretos de Emergencia Económica, más aún, cuando se pretende justicieramente que los ricos paguen los impuestos en correspondencia a sus ganancias.
Los bonos de deuda pública son un negocio truculento, y no están en manos del pueblo, lo manejan extraños o extranjeros directamente a través del Banco de la República en Colombia. Así, se actúa como fiscal de la política económica del Gobierno controlando los gastos, coludidos con otra traba instituida para maniatar al Gobierno central y reducirlo en sus funciones para la solución de los problemas más urgentes de la población: la regla fiscal. Ya el banco no es el emisor por antonomasia es, esencialmente, ‘independiente’, direccionado por la oligarquía mundial, confeccionado esencialmente para endeudar a los países dependientes y enriquecer mediante el despojo del trabajo, a los imperialistas, en específico a los oligarcas financieros estadounidenses. De tal manera que la burguesía colombiana se despojó hace rato de su carácter nacional, y la constitución del 91 lo reafirmo, actúa sin contenido patriótico, limitado a la búsqueda del control estatal bajo la anuencia y dirección del capital extranjero, quienes en últimas, ponen las condiciones.
Estamos los colombianos, y en particular el proletariado, compelidos a la lucha por la liberación nacional, tarea que rehúsa encarar el progresismo socialdemócrata, y ella, la liberación nacional, pasa además a que nuestras instituciones sean transformadas o reorientadas a servir esencialmente al país. Si en verdad elevas un Programa de Gobierno patriótico el Banco Central, o de la República en nuestro caso, debe estar sujeto a los requerimientos del país. Los obreros deben comprender que el Banco de la República es una cañería por donde se sustrae hacia el bolsillo de los capitalistas todo el producto de su trabajo mediante el endeudamiento público.
Toda alza de salarios es inocua e inútil por los ajustes que el sector financiero realiza automáticamente para retornar a sus arcas el dinero que se le escapa. Un taxista me decía: “bien, Petro hizo una significativa alza del salario, pero continuamos en la misma pobreza, no se nota el alza, no sigue alcanzando”. Amigo Petro, no es cierto que en el capitalismo se enriquezcan los obreros, campesinos y clase media, a la vez que los oligarcas.
Necesitamos un Banco de la República auténticamente nacional, que ayude a fomentar el desarrollo económico.








