El pasado 17 de junio, se cumplió un año de la partida hacia la eternidad de Juan Carlos “Cao” Mendoza, un hombre cuya vida estuvo íntimamente ligada a la historia cultural y folclórica de Villanueva, La Guajira. Su ausencia física sigue siendo sentida por familiares, amigos y amantes del vallenato que encontraron en él a un defensor incansable de nuestras tradiciones.
‘Cao’ Mendoza no fue simplemente un gestor cultural. Fue un auténtico sembrador de amistad, un promotor del folclor y un constructor de espacios donde la música vallenata encontró refugio y crecimiento. Su legado permanece vivo en cada recuerdo, en cada anécdota y en cada encuentro donde se evoque su nombre.
Su pasión por la cultura se manifestó desde muy joven, convirtiéndose en una de las figuras más representativas del movimiento folclórico villanuevero. Con una visión amplia y generosa, entendió que el vallenato era mucho más que música: era identidad, memoria y patrimonio.
Junto a su compadre, el reconocido compositor y artista Daniel Celedón, fundó la emblemática ‘Parranda Blanca’, un espacio que trascendió generaciones y que se convirtió en símbolo de amistad, integración y amor por nuestras raíces musicales.
Aquellas reuniones organizadas por la ‘Parranda Blanca’ fueron verdaderas escuelas de folclor. Allí se compartían historias, versos, canciones y recuerdos que fortalecían el sentido de pertenencia de quienes participaban en ellas.
‘Cao’ también fue cofundador del grupo de cofradía ‘Los Compadres’, junto al destacado compositor ‘Poncho’ Cotes Jr., el compositor José “Casquita” Mazeneth, ‘Beto’ Barros y otros importantes exponentes de la vida cultural de la región.
‘Los Compadres’ representaron mucho más que una simple agrupación de amigos. Fue una hermandad construida alrededor de valores como la lealtad, la solidaridad y el amor por el vallenato auténtico.
Una de las facetas más destacadas de Juan Carlos Mendoza fue su capacidad de liderazgo. Siempre estuvo dispuesto a asumir responsabilidades cuando se trataba de fortalecer las expresiones culturales de su pueblo.
Ese liderazgo lo llevó a ocupar la presidencia del tradicional Festival Cuna de Acordeones en 1982, una época fundamental para el crecimiento y consolidación de este importante certamen.
Años después, en 1994, volvió a ser llamado para dirigir los destinos del festival, demostrando la confianza y el respeto que despertaba entre los dirigentes, artistas y la comunidad.
Durante sus gestiones se promovió la participación de nuevos talentos y se fortaleció el sentido cultural que siempre ha caracterizado al Festival Cuna de Acordeones.
‘Cao’ entendía perfectamente que preservar el folclor no significaba quedarse anclado en el pasado, sino construir puentes entre las nuevas generaciones y las tradiciones heredadas de nuestros mayores.
Su extraordinaria memoria era motivo de admiración. Recordaba con precisión fechas, personajes, composiciones, acontecimientos y detalles que para muchos habían quedado olvidados con el paso de los años.
Gracias a esa memoria prodigiosa se convirtió en una fuente permanente de consulta para investigadores, periodistas, músicos y amantes de la cultura vallenata.
Pero si hubo una virtud que definió profundamente a ‘Cao’ Mendoza fue su culto a la amistad. Para él, los amigos eran parte esencial de la familia y merecían atención, afecto y lealtad incondicional.
No es casualidad que dejara más de cien ahijados, una cifra que habla de la confianza, el cariño y el respeto que inspiró a lo largo de su vida.
Cada ahijado representa una huella imborrable de su generosidad, una muestra del papel paternal y orientador que ejerció sobre muchas personas dentro y fuera de su círculo familiar.
Su último gran sueño convertido en realidad fue la creación de la ‘Tertulia de Cao’, un espacio concebido para el encuentro de amigos, la conversación amena y la exaltación permanente de los valores culturales de la región.
En esa tertulia logró reunir generaciones enteras alrededor de la palabra, la música y la memoria, demostrando una vez más su enorme capacidad para convocar afectos y construir comunidad.
A un año de su partida, quienes tuvieron el privilegio de conocerlo siguen evocando sus consejos, su sonrisa franca, su hospitalidad y esa forma única de hacer sentir importante a cada persona que llegaba a su lado.
Villanueva, La Guajira y el folclor vallenato conservan una deuda de gratitud con Juan Carlos “Cao” Mendoza. Su nombre forma parte de la historia de una tierra que ha dado grandes hombres al servicio de la cultura y de las tradiciones populares.
Hoy, cuando se conmemora el primer aniversario de su partida del mundo terrenal, su recuerdo permanece más vivo que nunca.
Porque los hombres como ‘Cao’ Mendoza no mueren realmente; siguen viviendo en la memoria de sus amigos, en el cariño de su familia, en las notas de un acordeón y en cada parranda donde se celebre la grandeza del folclor vallenato que tanto amó y defendió.








