Hace unos días una misión médica de la IPS Palaima, libró una dura batalla cuando intentaba atravesar un arroyo desbordado en la vía que va hacia Bahía Honda y sus alrededores, buscando a menores y madres gestantes con graves problemas de desnutrición.
El vehículo en que se movilizaban, una camioneta Toyota, tipo copetrana, quedó a merced de la corriente, afortunadamente el conductor y los ocupantes lograron, después de mucho esfuerzo, sortear con muchas maniobras, la adversidad de la naturaleza, para finalmente, llegar al casco urbano de Uribia, sanos y salvos.
Estas odiseas se están viviendo a diarios, e incluso en septiembre pasado, un grupo de congresistas y funcionarios públicos que regresaban de Puerto Estrella, sus vehículos fueron arrastrados por las corrientes, debido a las fuertes lluvias, que borraron la carretera y nadie sabía en la oscuridad qué ruta debían tomar.
La semana pasada, la Secretaria de Salud de La Guajira, Ladis González, sostuvo una reunión con autoridades venezolanas, a quienes solicitó permisos especiales para que las misiones médicas de este departamento, puedan utilizar la carretera que intercomunica a Cojoro, en la Alta Guajira venezolana, con La Raya, en Colombia, a fin de evacuar a muchos pacientes que se encuentran sin atención médica debido a que las trochas fueron borradas por las fuertes lluvias.
¿Por qué después de décadas de promesas, la Alta Guajira sigue sin carreteras? La respuesta se encuentra en una mezcla de olvido institucional, intereses cruzados y una desconexión profunda entre el Estado central y las realidades del territorio.
Uno de los proyectos centrales en la región es el corredor Conexión Alta Guajira, Uribia–Puerto Estrella–Puerto Bolívar. Se habla de una inversión estimada en 300.000 millones de pesos.
Según el Instituto Nacional de Vías, para la zona se manejan recursos por más de 294.794 millones de pesos, para pavimentar 63 km, construir 39 de 98 alcantarillas y dos puentes de 60 m y 40 m.
Mientras tanto, los wayuú siguen recorriendo trochas interminables, los precios del transporte encarecen la vida en las rancherías y los servicios públicos no llegan. Un recorrido desde el centro de Uribia a cualquier zona apartada de ese municipio en motocicleta, supera los 100 mil pesos. El transporte de agua hacia comunidades de Bahía Honda, cuesta más de 2 millones de pesos, en temporadas de verano.
Construir las carreteras hacia la Alta Guajira no debería ser un gesto de desarrollo, sino un acto de justicia territorial. Colombia no puede hablar de inclusión mientras mantenga regiones enteras incomunicadas. Es hora de que el Estado cumpla su deuda con el extremo norte del país y convierta las promesas de asfalto en caminos reales de dignidad y progreso.