La suerte parece echada. Los 3.231 candidatos, que conforman 527 listas, que aspiran a sentarse en las 108 butacas dispuestas en el Senado y las 187 de la Cámara, quieren convertirse en los privilegiados por los electores colombianos este 8 de marzo, luego de cumplir las giras por las diferentes regiones del país, exponiendo las razones que los han motivado a convertirse en candidatos al Congreso.
No ha sido nada fácil realizar la campaña en un país convulsionado por los actores armados y por la polarización generada entre la derecha que obra como oposición y la izquierda, que por primera vez es partido de gobierno.
Por eso, para muchos será un factor de suerte, combinado con el trabajo, propuesta, acciones sociales, compromisos con las regiones, fortaleza de sus partidos y sobre todo, el valor que encierra tener una buena imagen entre la sociedad colombiana.
Para otros, el resultado, se centrará en la inversión económica que hayan podido desplegar a lo largo del país prometiendo hasta lo imposible, y entregando dádivas a los más vulnerables para comprarle el derecho de decidir por sí solos.
La carrera hacia el poder que genera llegar al Congreso de la República tiene costos muy elevados, especialmente para quienes sus nombres se encuentran comprometidos con graves señalamientos, investigaciones por parte de los órganos de control y aquellos que están bajo la lupa de la Corte Suprema de Justicia.
El departamento de La Guajira, nuevamente se encuentra frente al doble reto. Por un lado, superar prácticas políticas que han debilitado la confianza ciudadana: clientelismo, trashumancia electoral, compra de votos y candidaturas improvisadas. Por otro, construir una representación con visión estratégica, capaz de articular los intereses del departamento en las grandes discusiones nacionales: transición energética, reforma al sistema de regalías, política social para la niñez wayuu, seguridad en los corredores viales y desarrollo portuario y fronterizo.
La Guajira necesita congresistas que entiendan el valor de la técnica legislativa, que sepan presentar proyectos viables, gestionar audiencias públicas y hacer control político con argumentos, no con escándalos. Voceros que trabajen en equipo, más allá de banderas partidistas, cuando se trate de defender inversiones en agua, salud, educación y vías terciarias. Representantes que conozcan el territorio —desde la Alta Guajira hasta el sur agrícola— y que no aparezcan solo en campaña.
Votar informado implica revisar hojas de vida, trayectorias, propuestas concretas y antecedentes judiciales o disciplinarios. Implica preguntarse qué ha hecho el candidato por la región, cuál es su experiencia en lo público o en lo social, y qué tan viable es su agenda legislativa. El voto consciente es el primer filtro contra la improvisación y la corrupción.
