Más que sorprendido, asombrado con el editorial de este diario del día viernes 24 de septiembre titulado ‘El oficio y el placer de oponerse a todo’. El asombro además de la desazón resultante de semejante despropósito me hizo abandonar momentáneamente la revisión y acomodo de mi tercera investigación dedicada justamente a las consecuencias del extractivismo que se viene ejecutando en el Departamento desde hace 40 años con las secuelas debidamente conocidas. Es absurdo que tal desacierto retórico provenga de un medio de comunicación cuya función primordial ha sido informar manteniendo apego a la verdad, que ha fungido como trinchera regional de la libertad de opinión. Una correa de trasmisión de las diversas y encontradas opiniones propias de una democracia.
El editorial no deja de insinuar un tufillo de censura a los generadores de opinión y colaboradores habituales del medio, acostumbrados a expresar sin mordaza nuestros puntos de vista ante los temas más sensibles de la Península. Por cierto, la verdad y la razón no son parcelas del conocimiento que le pertenezcan a nadie en particular. Ambos son conceptos cargados de relativismo, pero más allá de las disquisiciones filosóficas el sentido común y el desenlace de los procesos, se encargan de inclinar la balanza a algún de los lados del fiel.
Atribuirnos a los guajiros el estigma de opositores por prurito. Que a todo le encontramos peros, además de injusto, es igualmente falaz, más bien pienso que aceptamos y permitimos demasiado, o de qué manera se explica que seamos líderes en Necesidades Básicas Insatisfechas, que superemos los promedios nacionales en pobreza monetaria, en pobreza multidimensional, coleros en calidad educativa, que la Universidad de La Guajira a pesar de los ditirambos y los autoelogios figure entre las peores del país. Que la Gobernación de La Guajira haya visto desfilar en tan poco tiempo multitud de mandatarios. Otros indicadores que harían interminable este artículo refrendan lo afirmado atrás. La institucionalidad local está absolutamente deteriorada.
Pero además es evidente que el presente y el futuro de La Guajira, cuyo eje son las energías renovables no convencionales, tiene un montón de falencias que de no corregirse anticipadamente presagian resultados lamentables y catastróficos. Ante la inacción, la negligencia de la institucionalidad local corresponde a los que ejercemos modestamente la misión de creadores de opinión ante determinados temas fungir como portavoces y no como errónea y lamentablemente se piensa, agoreros de desastres, esa una interpretación sesgada y carente de objetividad. De cualquier manera, es preferible pecar por exceso en la labor de denuncia y cuestionamiento, que callar, pecar por omisión, y lo que es peor aún por complacencia, esto equivale a complicidad.







