“Al escritor García Márquez, hay que hacerle saber bien que uno la tierra donde nace es la que debe querer”. Tengo en la mente ‘Aracataca espera’, la canción de Armando Zabaleta a la cual corresponde el aparte transcrito, propósito del Proyecto de Ley que se encuentra en trámite en la Cámara de Representantes por el cual la Nación se vincula a la celebración del centenario del nacimiento del nobel de literatura Gabriel García Márquez. Hasta ahí todo me parece perfecto. Pero hay un detalle respecto del cual estamos llamando la atención de los parlamentarios guajiros, porque ellos no pueden seguir guardando silencio ante la gran injusticia con La Guajira. Se registró en su ponencia positiva el 3 de junio reciente pasado.
La situación que encendió nuestras alarmas es que al parecer quienes participaron en la redacción del bien intencionado Proyecto de Ley, que he sabido que se encuentra dando vueltas en la Comisión Segunda de la Cámara Baja, nohan leído ni ‘Cien años de soledad’, ni ‘El amor en los tiempos del cólera’, tampoco ‘Vivir para contarla’, las obras que más me gustan del póstumo homenajeado.
Después de haber descendido en la lectura del precitado Proyecto deLey, no es difícil observar que en su artículo 1° dice que con el actoconmemorativo se busca “reconocer la influencia en su vida y en su formación de escritor” delosmunicipios de Zona Bananera, y Ciénaga, Sucre en el departamento de Sucre, Zipaquirá en Cundinamarca, Cartagena, Barranquilla y Bogotá. Toca estar ciego o no haber pasado los ojos sobre las obras que he mencionado para no echar de menos a La Guajira allí. Nuestra tierrita fue totalmente ignorada, no sési por ignorancia o si fue deliberado.
No creo que algún colombiano podrá decir que es inmerecido, inconveniente o inoportuno que la Nación se vincule a esas efemérides, porque nadie merece por bonito, pero del mismo modo y con toda energía, La Guajira si tiene que levantar la voz respecto a la injusticia que se pretende cometer al desconocer la profunda influencia, sanguínea y vivencial de La Guajira y de su madre y abuelos guajiros en la formación y la obra de Gabo.
Evidentemente la huella indeleble de la península en su obra es incontrovertible, a partir de ‘Cien años de soledad’ en la cual se hace referenciainclusive al inmortal Francisco El Hombre, nacido y criado en Galán y que murió en Machobayo, en La Guajira, y no en Bolívar ni Sucre ni en el Atlántico, al juglar se refiere como un anciano trotamundos de más de 200 años que viajaba tocando acordeón y cantando, llevando noticias y recados; igual hace referencia del contrabandista guajiro José Prudencio Aguilar a quien había conocido en Villanueva cuando se dedicaba ‘Gabo’ a la venta de libros, ingeniosamente relata en la novela su muerte accidental causada por José Arcadio Buendía en una gallera, por un tema de faldas, convirtiéndose el crimen en un fantasma que perseguía a José Arcadio porque el espíritu del muerto se le aparecía.
Igual,en ‘Cien años de soledad’ recreó‘Gabito’ lo que le contaban sus abuelos maternos que eran guajiros,refiriéndose a Cataure y Visitación y los que trajeron a Macondo la peste del insomnio y también los responsables de que los niños José Arcadio y Amaranta Buendía aprendieran primero la lengua guajira (wayuunaiki) que el castellano.
Tampoco se dieron cuenta que lo primero que se le vino a la cabeza a ‘Gabo’ para escribir y publicar ‘El amor en los tiempos del colera’ fue la canción de Leandro Díaz ‘La diosa coronada’, de la cual transcribió preliminarmente la parte del relato cuando dice “en adelanto van estos lugares, ya tienen su diosa coronada”, el autor nació en la vereda ‘Los Pajales’, muy cerca del corregimiento deHatonuevo, en La Guajira, y no en la región sabanera, ni en la Zona Bananera ni en Barranquilla.
Del mismo modo encontramos la huella indeleble de La Guajira en su obra cumbre cuando se refiere al tema de la muerte y su importancia en los usos y costumbres de la región más desértica de Colombia, y destaca a Úrsula Iguarán como una auténtica wayuú, que no se asusta ante la presencia silenciosa del yolujá (espíritu), sino que adopta un comportamiento compasivo, y generoso y le brinda sus atenciones con el agua que le coloca en un rincón de la casa
En su obra ‘Vivir para contarla’,que la he leído dos veces, deja claro la trascendencia de La Guajira, en sus recuerdos más sublimes, su cultura y su familia, por eso recuerda que en la casa de sus abuelos en Aracataca,la comida se preparaba con los sabores de La Guajira, que la malanga tenía que ser de Riohacha, el maíz para las arepas de Fonseca y los chivos llegaban salados dela Alta Guajira, igual se refiere a los usos y costumbres de los wayuú, su sistema de justicia,destacó la importancia de ‘La Ley guajira’ donde las agresiones debían ser resarcidas por la familia del agresor.
Se dice que el 6 de marzo,día del natalicio,sería como ‘Dia Nacional de la Imaginación y la Literatura’, pero si no se subsana esa monstruosa omisión del nombre de La Guajira,estamos sirviendo el plato en una mesa cuadrada que solo tiene tres patas, es como si tampoco supieran que Luisa Santiaga, la madre del nobel hubiera nacido en Barrancas, y tampoco saben que la luna de miel de Gabriel Eligio García y Luisa fue en Riohacha, en la calle 3 entre carreras 6 y7, en la casa de sus familiares, la familia Márquez Iguarán.








