Un nuevo Gobierno es propicio para muchas cosas, sobre todo, destrabar la polarización que atormenta y estanca de manera negativa a esta nación, afectando sus cohabitantes en el territorio nacional por las consecuencias delincuenciales y violentas, que se generan en el territorio, sin control político ni social.
Cambien el estilo de proceder para acercar el entendimiento y la compresión en lo relacionado con Gobierno-oposición, partiendo del lugar que a cada quien le corresponde, con el debido respeto, en apertura de diálogo de utilidad y agrado, que permitan concertar lo mejor, mancomunadamente desmontando y descargando persecuciones, odios, rencores, rivalidades, rebeldías, sentimientos negativos y tóxicos, originados de resentimientos y malos tratos sufridos, indiferencias, desafueros y manejos políticos, de intereses personales excluyentes que deben ser objeto de superación.
El presidente Abelardo De la Espriella Otero e Iván Cepeda Castro, quien en adelante dirigirá la oposición política nacional, durante el nuevo periodo de Gobierno, deben establecer parámetros conforme lo dispone la Ley vigente, 1909/ 2018, que garanticen derechos relativos a fiscalizar, proponer alternativas, disentir y ejercer controles administrativos. Oposición no es obstrucción, destrucción, contradicciones temerarias, ni choques, por causas de inconformidades, desatenciones y abandono.
La oposición puede ser un medio de equilibrio para balancear los mandatarios, la participación democrática en los proyectos y programas que impulsen en el desarrollo del Gobierno con beneficios colectivos y generales en territorialidades sin distingo de exclusividad preferencial, sin ningún interés en burocracias ni de contratos, pudiendo transformar el manejo de las relaciones Gobierno-oposición, de manera cordial no improductiva como viene ocurriendo y de nada bueno ha servido en una Colombia convulsionada de violencia y carencia de justicia. Se necesitan resultados positivos y efectivos de bienestar y garantías de seguridad.
El presidente Gustavo Petro debe contribuir al fortalecimiento de la democracia, modificando las reglas del juego y el comportamiento personal, berrinchón, caprichoso, expresivo, para menguar o erradicar sin violencia los bloqueos de vías públicas y estallidos sociales, conforme a los acuerdos participativos que concierten las partes Gobierno-oposición, sin que se interprete sumisión ni rendición, ni humillación.
El presidente Gustavo Petro deja bien pocisionada a la izquierda en el Pacto Histórico, como el partido número uno entre las bancadas políticas con personería jurídica. Por primera vez logra la elección de 25 senadores y obtuvo en segunda vuelta más de 12 millones de votos a su favor en la elección presidencial, con menos de un punto de diferencia con la elección del presidente Abelardo De la Espriella.
No creo que tenga ninguna gracia malgastar el tiempo y tirar por la borda el último resultado electoral en un gran movimiento por empecinarse obsesivamente en la existencia de fraude sin demostrarlo probatoriamente, generando duda de veracidad y un ambiente político hostil, cuando lo más apropiado y oportuno sería consolidar la fortaleza opositora con acciones positivas relevantes y ejemplarizantes, que pueden estrenarse en este periodo de Gobierno, si es que no lo desprecian las partes Gobierno-oposición, por conveniencia de seguir en polarización con protestas, garrotes, plomos, persecución, sometimiento y castigo.
Lo cortés no quita lo valiente. Desconocer la elección de Abelardo de la Espriella Otero, por el presidente Gustavo Petro para incumplir un deber de acto formal que le asiste en la transición de mando, no es lo correcto.
La última elección en dos vueltas estuvo súper vigilada por delegaciones internacionales, jurados de votación y testigos electorales. Estos últimos (los testigos), son los encargados de transmitirle al partido que representan, tomándole foto al formulario E-1 del resultado en cada una de las mesas instaladas. Antes de depositar el voto, al presentar la cédula a la mesa de jurados, se practica biometría a la persona para verificar la identidad del votante. El certificado de biometría se deposita en un recipiente diferente de los votos para elegir, pero al final se cuentan a ver si coinciden con la totalidad de los votantes. Un sistema electoral de manejo manual, no es que no puedan contaminarlo con fraude, que depende de los cuidados y la vigilancia de quienes participan en la disputa electoral. De ahí la importancia de no descuidarse ni confiarse por la ocurrencia de corrupción, y denunciar hechos delictivos aportando pruebas concretas, idóneas y veraces.
La crisis partidistas es un motivo para reflexionar y reevaluar acciones y predisposiciones, zanjar diferencias y abrir espacio necesarios para nuevos enfoques, reevaluando antecedentes críticos que nos tienen sumidos en el fracaso y crecimiento pasmado por falta de alternativas y bloqueos, producto de la polarización y la pasividad que nos embarga por ignorancia y desmotivación en el círculo predominante de los partidos políticos, que siempre terminan apagándose después de décadas de elecciones populares, en la competencia participativa por la conquista del poder democrático.
Dos partidos son mayoritarios en el nuevo mapa político colombiano: Pacto Histórico y Centro Democrático, que giran ideológicamente en sentido contrario u opuesto, constituyéndose el segundo en partido de oposición, durante el Gobierno del presidente, Gustavo Petro. Para este nuevo Gobierno manifestó el apoyo total como partido de Gobierno en favor del presidente Abelardo De la Espriella, respaldado con los senadores y representantes elegidos mediante voto cerrado, al igual que los elegidos por el Pacto Histórico y a diferencias de los elegidos por los demás partidos, elegidos mediante voto preferencial, que transitan en vía de extinción, cuyas mayorías se obtienen mediante votos comprados en el mercadeo y clientelismo corrupto que nos invade y contamina elecciones populares, adquiriendo curules compradas.
Si no cambian las operaciones, actitudes y comportamientos políticos de Gobierno-oposición, tendríamos un periodo de Gobierno caótico, violento e incontrolable que de nada sirve en nuestra sociedad hastiada de múltiples problemas y necesidades, sin ninguna solución emergente a la vista.








