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El debate en las campañas, una especie en extinción

Ha cedido terreno ante las narrativas basadas en el miedo.

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Ha cedido terreno ante las narrativas basadas en el miedo.

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Históricamente, muchos, consideran ‘ofensivo’ que las necesidades básicas del Departamento  y en lo local, sean utilizadas como herramientas de manipulación política, sobre todo en debates frente a la comunidad como los escándalos recientes denunciados públicamente, entre ellos el presunto desvío de miles de millones de pesos destinados a mitigar la escasez de agua como el caso de los carrotanques y obras de infraestructura inconclusas o para proyectos sociales como las ‘ollas comunitarias’, entre otros que según investigaciones terminaron financiando campañas políticas, lo que es calificado de inaceptable ante los altos índices de pobreza del Departamento, la persistencia de alianzas o clanes liderados o respaldados por figuras cuestionadas, quienes siguen ejerciendo un control electoral sobre la población vulnerable mediante presiones y promesas falsas; todo esto se evade en los desaparecidos debates.

El debate programático detallado en campañas políticas, hoy una especie en extinción, ha cedido terreno ante las narrativas basadas en el miedo, la descalificación personal y la confrontación de identidades, las campañas actuales priorizan los ataques rápidos y los escándalos menores sobre los Planes de Gobierno a largo plazo, dejando a los electores con un vacío discursivo sobre cómo se solucionarán problemas complejos como la economía, la seguridad o los servicios públicos; infelizmente gran parte de los electores, avalan esta forma de hacer política. Aunque el debate político serio y centrado en propuestas no ha desaparecido por completo, se encuentra severamente marginado por las nuevas lógicas de la comunicación digital, la polarización extrema y el uso estratégico de la evasión por parte de algunos candidatos.

Hoy en día, las redes sociales y los videos generados con inteligencia artificial son los grandes protagonistas de la contienda política; esto ha provocado que el debate tradicional migre hacia discursos unidireccionales y contenidos cuidadosamente filtrados, las plataformas digitales premian el impacto rápido, el espectáculo y el algoritmo de la indignación, lo cual es incompatible con la explicación técnica de reformas complejas. En los últimos ejercicios electorales, se ha vuelto una tendencia común que los candidatos ‘fuertes’ pongan condiciones estrictas o directamente evadan asistir a los tradicionales debates. Desde un punto de vista puramente estratégico, los equipos de campaña consideran que exponerse al escrutinio abierto genera más riesgos que beneficios en comparación con el control total de sus propios canales digitales; esto deja a los ciudadanos sin la posibilidad de contrastar ideas de manera simultánea.

La falta de debates internos técnicos sin planes maquiavélicos, dentro de los grupos y partidos políticos ha profundizado la personalización de la política; al desaparecer la discusión ideológica seria dentro de las colectividades, las campañas se configuran alrededor de figuras mesiánicas uoutsiders en lugar de estructuras programáticas sólidas que rindan cuentas a la ciudadanía. A pesar de este panorama, los espacios de análisis serio subsisten en ciertos sectores del periodismo independiente; sin embargo, el desafío actual radica en lograr que esos insumos técnicos dejen de ser consumidos únicamente por audiencias de nicho y vuelvan a ocupar el centro de la conversación pública general, para que el elector tome la mejor decisión con autonomía e independencia.

En la mayoría de los 15 municipios de La Guajira para no afirmar que todos, el debate serio desapareció y, ya no se debaten ideas, los fanatismos no dan margen de error en la disputa del debate moral, ya ni siquiera es ideología, más bien es una burla con el fin de que el desprestigio sea el argumento fehaciente de la discusión política. El electorado independiente no ha desaparecido, se ha vuelto más volátil y menos identificado con las estructuras partidistas tradicionales, pero prefieren aumentar el porcentaje de abstención que hacer vales su postura. Hoy, todavía una parte importante minoritaria de ciudadanos vota desde una identidad ideológica rígida, sino desde percepciones sobre el liderazgo, la seguridad, la estabilidad económica y las expectativas de futuro, pero no les alcanza a elegir al verdadero personaje que la sociedad necesita.

En ese contexto, las emociones importan, pero no funcionan de manera aislada, constituyen mecanismos a través de los cuales las personas expresan preocupaciones reales sobre su bienestar material, la estabilidad macroeconómica y de las instituciones, sus oportunidades económicas, y la incertidumbre frente al futuro. Muchos enfoques logran movilizar emociones y adhesiones, pero dejan sin respuesta una pregunta fundamental para amplios sectores de la población: ¿Cuál es la estrategia para que La Guajira produzca más riqueza, genere mejores empleos, aumente los ingresos de los hogares y construya bienestar sostenible para las próximas décadas? Así como vamos, seguiremos como la canción: al guajiro hasta la muerte le llega tarde.

En un contexto de profundas desigualdades, informalidad persistente y crecientes demandas sociales, el verdadero desafío consiste en articular estabilidad, crecimiento económico y políticas sociales dentro de una visión de futuro capaz de ofrecer no solo certidumbre frente al presente, sino también expectativas creíbles de prosperidad para las actuales y próximas generaciones, discusiones hasta el momento ausentes en el escenario político; están más presentes las ofensas, los irrespetos, que las propuestas para resolver las necesidades por todos conocidas.

Los debates políticos son herramientas esenciales para la salud democrática, ya que permiten contrastar ideas, exigir transparencia y poner a los candidatos bajo el escrutinio público de los ciudadanos; permiten que los que eligen, evalúen de forma directa las diferencias programáticas, el conocimiento técnico la experiencia y las soluciones y que propone cada aspirante frente a los problemas locales y regional. Es un derecho ciudadano tener la información clara del conocimiento que tienen los candidatos. El debate no pertenece a los políticos sino a los electores; es un espacio para la transparencia que evita que el votante dependa únicamente de la publicidad o de mensajes controlados en redes sociales y de lo que se ha vuelto moda: las ofensas.

La principal lección política que deja este escenario es que existe un amplio espacio para una narrativa que recoja una verdadera visión del Departamento y de los municipios; que vinculen desarrollo económico, respeto institucional, sostenibilidad fiscal y garantía efectiva de derechos. Esta reflexión adquiere especial relevancia en una Guajira que enfrenta simultáneamente altos niveles de desigualdad, persistente informalidad laboral, crecientes restricciones fiscales y profundas brechas en los 15 municipios de la península, con sus comunidades.

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