Editorial Diario del Norte
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Cuando la minería transforma vidas

Hablar de Cerrejón en La Guajira suele llevarnos de inmediato a pensar en carbón, exportaciones, empleo, regalías y en los debates que durante décadas han acompañado a la…

Hablar de Cerrejón en La Guajira suele llevarnos de inmediato a pensar en carbón, exportaciones, empleo, regalías y en los debates que durante décadas han acompañado a la…

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Hablar de Cerrejón en La Guajira suele llevarnos de inmediato a pensar en carbón, exportaciones, empleo, regalías y en los debates que durante décadas han acompañado a la actividad minera. Pero hay otra cara de esa realidad que merece ser observada con atención: la capacidad de la empresa y de sus aliados para convertir parte de sus esfuerzos sociales en oportunidades concretas para las comunidades de su área de influencia.

Ayer jueves, durante un encuentro que reunió al presidente de Cerrejón, Edgar Alfonso, empresarios, alcaldes, estudiantes y medios de comunicación, hubo una muestra que terminó siendo más elocuente que cualquier discurso: niños y jóvenes de la región interpretando canciones de nuestro folclor. Pequeños talentos que, gracias a programas de formación, están encontrando una oportunidad para desarrollar capacidades que probablemente, sin ese acompañamiento, permanecerían ocultas.

Ese es precisamente uno de los valores que debe tener una intervención empresarial en territorios mineros: no limitarse a entregar recursos, sino ayudar a construir capacidades.

El programa Juntos Cambiamos Vidas parece avanzar en esa dirección. Su primera experiencia en Albania logró movilizar más de 3.500 millones de pesos con la participación de 59 empresas aliadas. Ahora el propósito llega a Hatonuevo con un proyecto que contempla inversiones por 2.650 millones de pesos en las instituciones educativas Carlos Alberto Camargo y Nuestra Señora del Carmen.

Son recursos destinados a intervenir 46 espacios académicos y de apoyo, además de fortalecer laboratorios de física y química. A ello se suman 600 millones de pesos aportados por la Alcaldía de Hatonuevo para reparar 12 aulas. Es decir, cuando los recursos públicos y privados encuentran un objetivo común, el resultado puede multiplicarse.

Y aquí aparece una palabra clave: aliados.

La minería, especialmente en La Guajira, necesita construir relaciones de largo plazo con los municipios, las comunidades, los empresarios y las nuevas generaciones. No se trata de desconocer las discusiones ambientales, sociales o económicas que rodean la explotación minera. Tampoco de convertir una acción social en propaganda. Se trata de reconocer que, cuando existen resultados verificables, vale la pena destacarlos.

Hatonuevo, orgullosamente minero, tiene derecho a reclamar que la actividad que durante décadas ha estado vinculada a su territorio también contribuya a fortalecer su educación y a abrir caminos para sus jóvenes.

Y quizás ese sea el verdadero desafío: que iniciativas como Juntos Cambiamos Vidas no sean esfuerzos aislados, sino una forma permanente de trabajar con los territorios.

Si los niños que hoy cantaron nuestro folclor encuentran mañana escenarios para desarrollar su talento, y los estudiantes de Hatonuevo reciben mejores condiciones para aprender ciencia, entonces habrá algo más que una obra física: habrá una inversión en futuro.

 

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