Editorial Diario del Norte
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Paraguachón no puede seguir esperando

No hay derecho, la frontera terrestre entre Colombia y Paraguachón, estuvo cerrada por varios días, y el Gobierno nacional no se percató del problema social que vive esta…

No hay derecho, la frontera terrestre entre Colombia y Paraguachón, estuvo cerrada por varios días, y el Gobierno nacional no se percató del problema social que vive esta…

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No hay derecho, la frontera terrestre entre Colombia y Paraguachón, estuvo cerrada por varios días, y el Gobierno nacional no se percató del problema social que vive esta zona, una de las más pobre e insegura del país.

La protesta de familiares y allegados de un transportador venezolano cuyo paradero se desconoce, terminó afectando el tránsito binacional y generando tensión a ambos lados de la frontera. Todo comenzó desde hace meses en Venezuela, ante el silencio del Gobierno por la captura de un dirigente, hasta llegar hace 8 días, a la denominada ‘Tierra de Nadie’, donde fueron instaladas carpas y barricadas que interrumpieron el paso de automotores.

Finalmente, mediante el diálogo entre las autoridades de Colombia y Venezuela, los manifestantes levantaron las barricadas y permitieron avanzar a la larga caravana de vehículos que permanecía estacionada. El tránsito pudo restablecerse, pero el episodio deja una pregunta que no puede ser ignorada: ¿hasta cuándo seguirá funcionando Paraguachón en medio de la improvisación?

Paraguachón es una zona profundamente deprimida. Sus habitantes padecen la falta de agua, enfrentan graves problemas de seguridad, tan graves que a los profesores de los colegios los intimidan y extorsionan. Docentes han denunciado situaciones de intimidación y presuntas extorsiones permanentes, un fenómeno que genera temor entre quienes tienen la responsabilidad de educar a niños y jóvenes.

Durante años se han anunciado soluciones. Se ha hablado de infraestructura, seguridad, servicios públicos y de una sede institucional que permita atender adecuadamente a quienes cruzan entre los dos países. Sin embargo, muchas de esas promesas siguen pendientes.

Ahora existen restricciones para el tránsito de vehículos y una parte importante del movimiento fronterizo se ha desplazado hacia Cúcuta. Eso afecta el comercio, el transporte y a miles de personas que dependen económicamente de la dinámica binacional.

Las empresas del Caribe instaladas en Barranquilla y Cartagena, han sido obligadas a enviar los mayores volúmenes de carga por la frontera de Norte de Santander, esto incrementa los costos a quienes tienen negocios con la vecina nación.

Por eso, el nuevo Gobierno nacional tiene una oportunidad para mirar hacia La Guajira y asumir Paraguachón como un asunto de Estado. No se trata solamente de controlar una frontera cuando aparece una protesta. Se necesita una política permanente que combine seguridad, infraestructura, servicios públicos, educación, atención humanitaria y control efectivo de las trochas.

Colombia y Venezuela tienen una relación que inevitablemente pasa por esta frontera. Pero mientras los gobiernos hablan de integración y cooperación, Paraguachón continúa esperando agua, seguridad, infraestructura y presencia institucional.

El reciente bloqueo ya fue levantado. Ahora corresponde levantar también el abandono.

Paraguachón no puede seguir siendo una frontera de paso para los gobiernos. Tiene que convertirse en una prioridad.

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