Personas de cualquier partido político que reconozcan y aplaudan a sus contrarios, independientemente que los haya derrotado en las urnas, refleja un entendimiento común y una aceptación de las reglas del juego democrático. Para muchos, las mayorías expresadas en las urnas y los discursos reconciliadores siempre sonarán refrescantes y esperanzadores.
De allí la importancia muchas veces de la alternancia en el poder; más si tenemos en cuenta que las democracias del mundo son relativamente jóvenes y frágiles, lo que nos lleva a preguntarnos si ¿Podrá el entramado institucional, los pesos y contrapesos, contener los impulsos autoritarios de quien llegue al poder?, lo que plantea de una parte, que la visión más optimista requerirá esperar, y la más pesimista, de al menos el doble de dicho tiempo hasta que alguna candidatura rival vuelva a encararlo en las urnas; pero mientras el electorado pueda manifestarse de nuevo, las líneas de resistencia incluyen congresistas, gobiernos locales disímbolos, jueces independientes, grupos de interés, prensa y medios masivos, algunos de sus propios simpatizantes quizá. Pero ninguno de estos contrapesos puede darse por sentado; por ello, la sociedad civil con su capacidad de informarse, vigilar, protestar, movilizarse, estará a prueba. Evaluar el peso específico o relativo de cada aspecto requiere un estudio y análisis cuidadoso.
Los mandatarios deberían llevar a cabo sus administraciones con gobiernos unificados, y si bien con los de su partido deberán cargar con la mayor parte de la responsabilidad para enfrentar las crisis y enmendar los posibles desatinos, sobrando decir que en muchas ocasiones no es sano culpar a los de antes. Últimamente estos tipos de configuración política se han vuelto relativamente raras; de ahí la articulación que debe darse para entre todos, unos y otros, a fin de caminar por senderos de consenso, lo que es vital para el desarrollo de los pueblos y para la consolidación, robustecimiento y profundización de la democracia, en últimas lo que bien y mejor importa en cuanto a ella como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Importante y productivo es consensuar, a efecto que poco o nada resulte ni definitiva ni relativamente frágil, que se mantenga el balance de poder, en lo que ayuda llevar a la práctica un discurso conciliador o de unidad nacional: los consensos son difíciles de lograr cuando una política pública implica conflicto distributivo, de ahí que los retos en el poder no entrañen nunca envergaduras menores.







