Es pertinente diferenciar los términos político y politiquero. La una es el arte de servir y la otra, de negociar intereses personales. Aun cuando parezcan iguales, no son y generan confusiones y duda de originalidad.
La política se ocupa de las actividades de interés y beneficio colectivo y general lideradas por personas con vocación de servicio voluntario y generoso, que luchan y defiende, el bienestar y desarrollo social, comunal, gremial, etc. La política es la ciencia del pensamiento expresadas y manifestadas en el saber afianzable a las circunstancias y hechos sujetados a dinámicas en el estado social de derecho implícito en acciones y operaciones proyectadas y programadas para efectividades globales e indiscriminada en las que se persiguen objetivos previstos y precisos, luchando para lograrlos actuando de buena fe y perseverando hasta materializar el éxito, sin importar los cosos y sacrificios.
La política es imprescindible donde se practica democracia. Es la columna vertebral de la estructura en que se conforma, contrario de la politiquería, desatada en la corrupción. La política plasma pensamientos y directrices ideológicas que sirven de base, soporte y guía para estudiar, analizar, orientar y diseñar caminos y direcciones a través de organizaciones conformadas por personas que se unen como célula, para organizar partidos y movimientos políticos tendientes a participar y apoyar solidariamente en lo atinente en derechos e intereses comunes, que nos atañen determinado orden de prioridades factibles, complementado con capacidad y disciplina para garantizar afianzamiento y resultados positivos.
Nos venden politiquería por política y nos engañan rutinariamente por tratarse de un negocio demagogo y dogmático en las que se manipula y compromete falsa palabra, induciendo espejismo y goce de prosperidades vanas y gaseosa que no son más que publicidad engañosa para conquistar bisoños incautos y amasar el comercio flotante de votos, disponible al mejor postor. Mientras en la política se destaca el empeño, la lealtad y el respeto; en la politiquería prima y reina el engaño, la traición y la inseguridad, como están ocurriendo en las territorialidades locales, departamentales, distritales, regionales y nacional, enturbiando el ejercicio democrático con odios, cizañas, ofensas, agresiones, calumnias, injurias, estigmatizaciones, etc. En la politiquería, las mentiras y el engaño nunca faltan y se experimenta en las campañas de elección popular.
Los partidos con personería en Colombia son politiqueros, implicados en prácticas de corrupción. Compran las curules en elección popular y luego se colocan a la orden dispositiva del poder ejecutivo, vendiendo el voto para las aprobaciones de proyectos de ley, ordenanza y acuerdo en lo relacionado con Congreso, Asamblea y Concejo, a cambio de compensación económica que condicionan y exigen por acuerdos matizados para favorecer las iniciativas que ponen a consideración de las corporaciones los presidentes, gobernadores y alcaldes que lo primero que buscan cuando están elegidos, es recuperar la inversión sufragadas en el costo de la campaña, multiplicándolo en cada vigencia fiscal durante el término del periodo, a manera de ganancias. Si los presupuestos y patrimonio público se van a utilizar para pagar los gastos de campañas, ¿qué queda para los gobernados?
Los partidos políticos son fantasmas que aparecen y desaparecen con las campañas electoreras, operan sin dirección alineada, desincronizado y viralizado por los desafueros y falacias que desarticulan el sentido político democrático, por carencia de principios, ecuanimidad y precedentes que lo justifiquen.
Por causa de la politiquería estamos hasta la coronilla, con escándalos de servidores públicos, que es el pan de cada día, sin muchos reportes de investigaciones penales y disciplinarias relacionadas con implicados en conductas y hechos irregulares e ilícitos. El transfuguismo es la muestra patética de la decadencia de los partidos políticos. Muchos individuos en la politiquería han recorrido múltiples partidos tales como: Liberal, Cambio Radical, U, Conservador, Centro Democrático, etc., quemando cartuchos sólo por intereses personales, porque carecen de formación y vocación política de servicios. De ahí deduzcan la falta de cohesión y coherencia de los legitimados partidos. Avalar candidatura y cobrar reposición de votos es un gran negocio que benefician de manera personal a directores. La política encierra fe, respeto, convivencia, confraternidad, solidaridad, confianza, desarrollo y progreso.







