Tenemos como región Caribe una identidad que muchos sostienen que hemos ido perdiendo, lo que no debe ser, toda vez que forjada fue en auténticas raíces que alimentaron frutos, y, por ende, tenemos que cuidar y defender contra todos, incluso contra los mismos nuestros que pretendan olvidarlas u odiarlas. Esto de la identidad sigue siendo algo actual, pues contiene notable valor humano y aspectos que implican consideraciones sobre nuestros valores, que deben concitar permanente interés valorarnos en nuestra dimensión y más allá, siempre con la mira puesta en no perderla, en la verdad que ha cincelado nuestra grandeza, es garantía de futuro y de aportación.
Entraña y compromisos mayores, encarnarnos más en y con nosotros mismos, permitirnos un conocimiento profundo y completo de las problemáticas que acusamos, resultado indudable de la real falta de interés que acumulada tras años han generado antes que sólidos constructos, de construcciones, acrecentadas hoy más que nunca por las globales aperturas que nos inundan y de paso arrasan una y más de nuestras esencialidades; por lo que obligados estamos a identificarnos más con nosotros mismos como Caribe, ese mágico mundo pleno y grande que plantea más grandeza y dimensiones insospechadas, que invita a ser, consolidarnos y proyectarnos más y mejor, habida cuenta de nuestras ventajas comparativas y competitivas que poseemos y cuidar debemos, pero que igualmente se ven amenazadas por la vertiginosidad del avance tecnológico y consecuente avasallamiento a pasos agigantados.
Estudio, análisis, estructuraciones, perspectivas, prospectivas y estrategias adecuadas respecto de nuestras propias realidades y necesidades, es lo que en profundidad nos compete en ruta a lo que tenemos que lograr como parte de la tarea a cumplir. Es tener y aplicar miradas amplias y atentas, para de manera cuidadosa permitirnos y facilitarnos direccionamientos, ayudas, detecciones de los puntos débiles que nos impulsen a argumentaciones mejores.
Es poner sobre el tapete todos los asuntos y cuestiones de fondo que subyacen en los problemas y tienen que ser objeto de interés en dirección a resolver los interrogantes propios y los que irremediablemente surgen, sin obviar ni esconder aquellos en los que no hay desarrollos propicios y deben ser atendidos a cabalidad, a fin de no impedirnos llegar a una síntesis clara de lo que queremos y debemos hacer para estar a tono con las exigencias del presente y el porvenir; de ahí la agudeza y diafanidad que deben contener las conclusiones, para no caer ni forzar manipulaciones estadísticas de datos correspondientes a anteriores análisis.
Debe ser la respuesta a nuestra grandeza, el resultado de una manifestación más de ese objetivo que con profunda convicción de la verdad y la realidad debemos buscar, que van necesariamente unidas y que no podemos por ningún motivo concebir en abstracto, debiendo enmarcarse en constante manifestación de afirmaciones que coadyuven a superar las crisis o conatos de crisis actuales, sin caer en relativismos, sino optar por las esencialidades.
Se trata en concreto de admitirnos, valorarnos, avizorarnos, dimensionarnos, proyectarnos, impulsarnos, articularnos, potenciarnos en lo prioritario, afirmativo e importante, lo que será el faro que nos ilumine y permita a la postre diagnósticos, pronósticos y propuestas de solución para la región Caribe, sobre la base de la toma de fundamentales decisiones soportadas en el estudio, análisis, síntesis, verdad, realidad y razón, a efecto de armonizarlo todo y abordar las cuestiones que permitirían un sello propio como valiosa impronta del ser, hacer y quehacer racional Caribe en las más de sus dimensiones, condiciones y responsabilidades sobre la auténtica comprensión del presente, y del camino hacia el porvenir como un todo primordial en contexto de grandeza, racionalidad y estricta argumentación como eje fundamental de progreso e integral prosperidad en beneficio colectivo, camino a superar limitaciones impuestas o adquiridas que impiden avanzar.







