El Caribe colombiano acaba de ingresar a un ciclo histórico. Desde este 7 de agosto, con la llegada de Abelardo De la Espriella a la Presidencia de la República, el norte del país tiene la posibilidad de dejar de ser simplemente una región que viaja a Bogotá a pedir soluciones y convertirse en protagonista de las grandes decisiones nacionales.
La presencia de una sede de Gobierno en Barranquilla puede significar mucho más que un cambio geográfico. Puede representar el comienzo de una nueva relación entre el poder central y las regiones. Durante décadas, alcaldes, gobernadores, congresistas, empresarios y dirigentes sociales han tenido que realizar la famosa ‘viajadera a Bogotá’ para gestionar recursos, destrabar proyectos y buscar respuestas a problemas que, en muchos casos, llevan años sin solución, y se convirtió en salidas de relax para muchos mandatarios.
Abelardo De la Espriella es el segundo presidente consecutivo nacido en la costa Caribe que llega a la Casa de Nariño. Pero la diferencia estará en los resultados. El Caribe no necesita solamente representación en el poder: necesita obras, seguridad, empleo, agua, energía, infraestructura y oportunidades.
El Caribe encuentra un buen momento para alcanzar la autonomía energética, si se aprovecha la promocionada transición, teniendo al territorio de La Guajira, para producir a bajo costo, este recurso aprovechando la capacidad eólica, fotovoltaica, y un territorio para producir el hidrógeno verde, un combustible limpio, con la instalación de plantas en Bahía Honda.
Para La Guajira, llega la primera prueba este jueves 13 de agosto, con la realización en Riohacha del primer Consejo de Gobierno descentralizado. Esta vez no puede tratarse de otra reunión protocolaria. Debe ser el punto de partida de una verdadera hoja de ruta.
El Proyecto Ranchería debe ocupar un lugar central. La presa El Cercado no puede continuar como una obra incompleta. Faltan los distritos de riego de San Juan del Cesar y Fonseca, el componente hidroeléctrico y un verdadero programa de aprovechamiento productivo y turístico del embalse.
Marocazo, por ejemplo, podría convertirse en un gran destino turístico, con una visión similar a la que convirtió a Minca en referente de la Sierra Nevada. El embalse también puede convertirse en fuente de producción piscícola y en motor para una agricultura capaz de garantizar alimentos y generar empleo.
La hora del Caribe ha llegado. Pero esta vez no basta con tener un presidente costeño. El desafío consiste en demostrar que el poder, cuando se acerca a las regiones, puede transformarse en desarrollo.
La Guajira tiene proyectos, recursos y potencial. Lo que necesita es decisión política, coordinación institucional y resultados.
El Consejo de Gobierno de Riohacha debe ser el primer capítulo de esa nueva historia.
