Hace unas horas cumplimos con la primera fase para la escogencia del nuevo presidente de los colombianos, quien responderá por el periodo 2026-2030. Aunque faltan más de dieciséis meses para las elecciones regionales de octubre de 2027, en muchos departamentos y municipios del país ya comenzó la carrera política. Los nombres empiezan a sonar, los grupos se reorganizan, las alianzas se cocinan en silencio y los aspirantes a gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos comienzan a mostrarse como las futuras opciones de poder.
No hay nada extraño en que quienes tengan vocación de servicio aspiren a dirigir los destinos de sus territorios. Lo preocupante es que muchos de los llamados ‘autopostulados’ parecen estar más interesados en alcanzar el mando, la influencia y el control burocrático que en presentar propuestas serias para resolver los problemas de sus comunidades.
La experiencia ha demostrado que en numerosas ocasiones las campañas se construyen alrededor de nombres, intereses particulares y maquinarias políticas, dejando en segundo plano las verdaderas necesidades de la gente. Por eso, desde ahora, los ciudadanos deben observar con detenimiento quiénes son los que comienzan a levantar la mano y cuáles son las motivaciones reales que los impulsan.
No basta con querer ser gobernador, alcalde, diputado o concejal. La pregunta fundamental es qué proyecto de región representan. ¿Qué plantean para enfrentar el desempleo? ¿Cómo piensan mejorar la educación, la salud, la seguridad y la infraestructura? ¿Qué visión tienen para el desarrollo económico y social de sus territorios? Estas son las respuestas que los electores deben exigir.
También es evidente que los partidos tradicionales ya están moviendo sus fichas. Los mismos grupos políticos que durante años han controlado importantes espacios de poder vuelven a organizar sus estructuras con miras a las próximas elecciones. Algunos intentarán presentar rostros nuevos, pero detrás de ellos podrían mantenerse los mismos intereses de siempre.
Al mismo tiempo, los sectores cercanos al actual Gobierno nacional trabajan en la consolidación de sus propias listas y candidaturas regionales. El resultado de las elecciones presidenciales de 2026 tendrá una influencia determinante en la conformación de los bloques políticos que competirán en 2027. Dependiendo de quién ocupe la Casa de Nariño, cambiarán las alianzas, los apoyos y las estrategias electorales en cada rincón del país.
Los resultados de ayer, nos muestran facetas de lo que podría orientarse para los mandatos territoriales. La democracia exige participación, pero también exige vigilancia. Los ciudadanos no pueden limitarse a votar cada cuatro años; deben examinar desde ahora a quienes aspiran a representarlos. El futuro de las regiones dependerá, en buena medida, de la capacidad de elegir líderes que entiendan que el poder es un instrumento para servir y no un privilegio para servirse de él.
