A dos días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, muchos guajiros, estudian y analizan las propuestas de los aspirantes a la presidencia de la república. La izquierda garantiza la continuidad de los cambios progresistas. La derecha, anuncia transformación del país y búsqueda de soluciones reales a los graves problemas de inseguridad. El centro, ha orientado la discusión en esquemas de seguridad.
Pero, en realidad qué esperan los habitantes de La Guajira de un nuevo presidente. En las regiones apartadas, como La Guajira y todos los departamentos periféricos, las aspiraciones de la gente se centran en equilibrar la inversión social y acabar con el centralismo orquestado desde Bogotá.
Los guajiros esperan que el próximo presidente no cometa los mismos errores, de mirar a la región en época proselitistas, prometiendo cosas que se olvidan cuando abordan el avión.
La Guajira lleva décadas esperando soluciones estructurales. La pobreza sigue golpeando con fuerza a miles de familias, especialmente en las comunidades indígenas wayuú, donde el acceso al agua potable continúa siendo un drama cotidiano. Resulta contradictorio que una región que produce carbón, energía eólica y que podría convertirse en eje del desarrollo energético nacional, siga teniendo niños con problemas de desnutrición y poblaciones enteras dependiendo de carrotanques o jagüeyes para sobrevivir.
Los guajiros esperan un presidente que entienda que esta tierra no necesita discursos de compasión, sino decisiones firmes y sostenidas. La crisis del agua requiere inversiones reales en infraestructura, plantas desalinizadoras, pozos, redes de distribución y proyectos que no se queden atrapados en la corrupción o en contratos inconclusos.
También existe una enorme expectativa frente al empleo. La transición energética ha abierto oportunidades importantes, pero al mismo tiempo genera incertidumbre. Muchos temen que La Guajira vuelva a ser utilizada únicamente como territorio de explotación, sin beneficios reales para sus habitantes. El nuevo gobierno deberá garantizar que los proyectos eólicos y solares generen empleo digno, formación técnica y desarrollo para las comunidades locales, y no solo ganancias para grandes empresas nacionales y extranjeras.
La inseguridad es otra preocupación creciente. En varios municipios han aumentado los hechos violentos, el narcotráfico, el contrabando y las disputas criminales. La frontera con Venezuela sigue siendo un desafío complejo que requiere presencia efectiva del Estado, inversión social y fortalecimiento institucional.
La salud y la educación continúan siendo deudas históricas. Hospitales colapsados, vías en mal estado y escuelas con enormes carencias reflejan el abandono estatal acumulado durante años. La Guajira no quiere seguir apareciendo en titulares nacionales únicamente por tragedias o escándalos.
La Guajira no pide privilegios. Pide dignidad, inversión y oportunidades. Después de tantos años de promesas incumplidas, el mayor desafío del próximo presidente será demostrar que el Estado colombiano también puede cumplirle al extremo norte del país.
