En un sistema político de democracia participativa, la tendencia general del nivel de aprobación e imagen positiva, en el inicio del período de un presidente del Gobierno nacional, como el colombiano, es muy inferior al cuarto año de gestión de quien ejerce el poder ejecutivo en su condición como jefe de Estado.
En Colombia desde 1994, en el marco del voto programático y la revocatoria del mandato, la aprobación de la gestión de los presidentes de la República está en función del cumplimiento de las metas del respectivo Plan Nacional de Desarrollo. Con todo el beneficio de inventarios del caso, incluida la Inteligencia Artificial, los informes del Departamento Nacional de Planeación, no aportan los porcentajes de ejecución consolidados de los Planes de Desarrollo de los gobiernos Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque Márquez. En el caso del Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 ‘Colombia potencia mundial de la vida’, la ejecución del Gobierno Petro alcanza el 60%.
De otra parte, la aprobación y la popularidad del presidente Petro, se evalúa mediante encuestas periódicas, enfocándose en indicadores de imagen positiva, aprobación de gestión y favorabilidad, reflejando en el primer cuatrimestre de 2026 una tendencia al alza, apalancada por la implementación de programas sociales y económicos. Los últimos datos, que arrojan las encuestas son 50.9%, 49.1% y 46.1 (Centro Nacional de Consultoría, Invamer y Ecoanalítica-Guarumo) de aprobación a su gestión gubernamental. Los tres gobiernos anteriores de Juan Manuel Santos e Iván Duque (2011-2014, 2014-2018 y 2019-2022) terminaron con 39% y 35% de imagen positiva respectivamente. En redes sociales circulan diversas cifras, con análisis de datos, registrando una aprobación digital del 23.6% para el presidente Petro.
Para la actual coalición alrededor del Pacto Histórico, y en menor medida, la oposición, sorprenden los números de aprobación del presidente Petro, que rondan el 50%, faltando tres meses para la finalización de su periodo de Gobierno. Si se promedia los datos de la implementación de las metas del Plan Nacional de Desarrollo, los porcentajes favorables de las encuestas y la aprobación digital en redes sociales, algunos analistas han terminado por explicar este fenómeno del primer Gobierno izquierdista o progresista por el ‘efecto teflón’.
Se comenzó a hablar, en el 2002, del efecto teflón planteado como una metáfora que describe la capacidad de un presidente de Colombia para evitar que las críticas, escándalos, errores, fracasos le afecten o dañen su imagen pública. Nada se le ‘pega’ o ‘resbala’, manteniendo altos índices de aprobación a pesar de gestiones negativas. De este fenómeno se predicó de los dos gobiernos de Álvaro Uribe para explicar la cifra de aprobación de su gestión, con reelección incluida.
Sin negar la posibilidad que algo de este fenómeno explique la aprobación con el sol a las espaldas del actual presidente, no es suficiente. En los Gobiernos 2002 – 2006 y 2006 – 2010 no hubo oposición, ni control político; hubo habilidad para responsabilizar de los fracasos y escándalos al subalterno. Además, Juan Camilo Restrepo afirmó que “a los medios de comunicación les faltó análisis y se convirtieron en correas de transmisión del mensaje de Uribe. “Napoleón Franco, quien dirige una firma de opinión, considera que Uribe Vélez representaba la figura de un presidente-padre, que puede ser malo, pero está aparentemente presente y oía las necesidades de la gente. En el caso del presidente Petro es todo lo contrario.
El candidato Petro posesionado, operacionaliza su Programa de Gobierno en un Plan Nacional de Desarrollo para convertir a Colombia en una ‘Potencial mundial de la vida’, a través de cinco transformaciones: ordenamiento del territorio alrededor del agua; seguridad humana y justicia social; derecho humano a la alimentación; transformación productiva, internacionalización y acción climática; convergencia regional, y el eje transversal a toda la hoja de ruta: la paz total.
Podríamos concluir que, el presidente Petro, después de cuatro años de lucha permanente, por lograr concretar y materializar, contra viento y marea, los cambios estructurales propuestos en los cinco ejes transformacionales de su Programa de Gobierno 2022-2026 son la medida de su nivel de aprobación e imagen positiva de alrededor del 51% de caras a una primera vuelta presidencial.
La ciudadanía colombiana, con su voto informado, consciente y libre debe evaluar si para mayo y junio le da una ‘segunda oportunidad’, como lo plantea ‘Cien años de soledad’, a las transformaciones pendientes de un segundo Gobierno progresista 2026-2030.








