La biblia y el quijote han servido de inspiración y fuente de adaptación para muchos escritores e investigadores. Aunque la creatividad. La originalidad siempre ha existido, lo cual según Guethe, “no consiste en decir cosas nuevas sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otros”. Parte del descubrimiento de los principios de la genética por Gregorio Mendel, se encuentran en el salmo 13: 95-62 “tus ojos vieron hasta mi embrión y en tu libro todas tus partes están escritas”. Lográndose posteriormente la secuencia del genoma humano y otros principios como el ciclo de las lluvias en Job 36:26-28. La redondez de la tierra en Isaías 40:22. Mucho antes de que la ciencia explicara estos procesos.
Analistas afirman que William Faulkner, Marivaux, Stenthal, Flauvert… conocieron el estímulo de Cervantes para sus obras. Que el idiota de Fedor Dostoiwsky, no se entiende sin el antecedente del quijote. Con la evidencia “de un buen hombre que intenta hacer el bien, es incomprendido y ridiculizado de parte de quienes le rodean”.
Que Gabriel García Márquez releyó a estos autores e influyeron en ‘Cien años de soledad’.
Retomando lo pertinente al titular de este escrito, Germán Puyana García en su obra ‘¿Cómo somos? los colombianos’. Hace reflexiones sobre nuestra idiosincrasia y cultura. Y afirma que somos ante todo recursivos… ya sea para construir o para destruir.
Y continuando con la transcripción inicial nos encontramos con la obra ‘Los colombianos somos así’, de la autoría de Eduardo Lora; posiblemente sin la intención de imitar, recurriendo a los datos disponibles, también se pregunta cómo somos los colombianos: en qué creemos, qué cosas nos importan, lo que sabemos acerca de quiénes son nuestros amigos, las personas que hacen parte de nuestros círculos más cercanos. ¿Adaptación, imitación o coincidencia?; entre ‘¿Cómo somos? los colombianos’ y ‘Los colombianos somos así’.
El primero encuentra cualidades y defectos sobre la personalidad colectiva…. Y el modo de ser…. El segundo hace un análisis sobre cómo somos los colombianos.
Los dos autores olvidan una cualidad innata; que para todos somos campeones mundiales. Así como nuestro café es el mejor del mundo a pesar de producirse bajo las mismas condiciones climáticas y de trópico de países como Venezuela, Ecuador y Perú, con diferencia entre variedades como la Típica y el Canéfora.
En conclusión, los colombianos tenemos una idiosincrasia propia, que interactúa sobre nuestros valores, que para mitigar ese impacto; interactuamos con otros valores, dando lugar a la conservación de la variabilidad y la diversidad genética de nuestras comunidades.








