Monseñor Francisco Ceballos, obispo de la Diócesis de Riohacha, habló claro y sin tapujos: “Los Capuchinos se fueron de La Guajira porque ha disminuido la vocación entre los jóvenes”. La comunidad religiosa Capuchina llevaba 138 años en la península, construyendo procesos educativos para la población wayuú.
Al propio obispo de Riohacha la decisión lo tomó por sorpresa. Desde hace algunos meses se hablaba en los corrillos del retiro de esta comunidad que deja una herencia de humildad, austeridad y servicio en todo el departamento. De eso no hay duda.
Su trabajo fue honesto, serio, respetuoso, preservando los valores de las personas. Muchos sacerdotes capuchinos se fueron enfermos y tristes al abandonar la región. Hace unos días se dijo que el padre Acosta Medina se iba para otra región, sin dar detalles. Hoy se conoce el fondo del retiro voluntario.
Cuando a las nuevas generaciones se le agotan las vocaciones para las buenas obras, debe ser objeto de alerta total. Esto debe convocar a un llamado de toda la sociedad, especialmente las comunidades religiosas de todas las creencias. La solución no puede ni debe ser, cerrar las puertas y enterrar años de historias maravillosas forjando personas en este territorio peninsular.
Los capuchinos “entregaron su vida, construyeron, educaron y evangelizaron integralmente”, dejando un legado espiritual y social difícil de reemplazar. Su ausencia genera un vacío especialmente en la parroquia Divina Pastora, que requerirá una reorganización del clero local para garantizar la continuidad de los sacramentos y la guía pastoral. Así definió Monseñor Ceballos, la salida de los frailes de este departamento.
Pese a que la Diócesis costea la formación de los seminaristas, las vocaciones han disminuido desde el Concilio Vaticano II. En estos momentos, solo diez jóvenes se encuentran en formación, pero el proceso exige entre diez y once años, lo que dificulta y no augura un relevo inmediato en la parte sacerdotal en este departamento.
Hace una semana dimos a conocer con alegría, el ordenamiento como obispo del padre urumitero, Jesús Torres. Esa noticia genera alegría, porque sabemos que no fue nada fácil para este sacerdote salir de una tierra en donde el folclor musical corre por las venas de las nuevas generaciones. Pensamos que deben existir muchos Torres, buscando ese mismo camino, pero que requieren el apoyo de las diócesis de Riohacha y Valledupar, que tienen a su cargo la espiritualidad de los departamentos de La Guajira y el Cesar.
El Consejo Provincial y el Gobierno Provincial de los Frailes Capuchinos de Colombia, fueron invitados para el próximo 20 de diciembre con el propósito de rendir un homenaje a quienes, le han prestado un excelente servicio a la sociedad guajira, dejando un legado de honestidad, trabajo transparente, y formación de cientos de personas, que hoy le sirven con mucho orgullo a su departamento.