No se trata de generar terror, pero parece que la muerte cabalga en las carreteras de La Guajira. El número de siniestros viales se dispara cada día. Los controles han desaparecido. Nuestra región vive una crisis silenciosa y persistente en sus vías. Cada semana, los reportes de siniestros viales se multiplican: motociclistas que no regresan a casa, familias enteras afectadas por choques frontales, peatones arrollados en vías sin iluminación ni señalización.
La muerte parece cabalgar sin freno por la red vial del Departamento, mientras las autoridades siguen atrapadas entre diagnósticos tibios, recursos insuficientes y decisiones que nunca llegan a tiempo.
La muerte de los hermanos Pitre Ruiz es un triste resultado de algo que se presagiaba. Diario del Norte en su editorial de este lunes, el mismo día de la tragedia, advertía sobre el peligro por la serie de siniestros viales que cobran vidas en este territorio.
Al amanecer de ese mismo día, cuando el diario circulaba, se registró el lamentable siniestro, luego que el vehículo en que viajaba el abogado Miguel Pitre Ruiz, su hermano Lenny, y su amigo César Curvelo, no pudo pasar por el estrecho Box Colbert. Se volcaron cayendo al espejo de agua.
Triste tragedia que enluta a una familia como los Pitre, Ruiz, que ya arrastraban el duelo por la muerte de Leanda Ruiz Pitre, y su esposo, que fallecieron incinerados el pasado 18 de enero de este año en Riohacha.
Ese día, Miguel Andrés, su hermano, quedó destrozado al ver la forma como Leanda, su hermana, se encontraba tendida en el piso de su habitación al intentar huir del lugar.
Las carreteras nacionales y departamentales exhiben tramos completamente destruidos, huecos profundos que obligan a maniobras peligrosas, ausencia de demarcación horizontal y falta de bermas funcionales. En corredores críticos como la vía Riohacha–Maicao, Cuatro Vías–Uribia, la vía que de la Troncal del Caribe va a Mayapo – Manaure – Uribia, o el tramo hacia Puerto Bolívar, presentan serios problemas.
El uso masivo de motocicletas, como principal medio de transporte, generalmente sin casco reglamentario, sin capacitación y, en muchos casos, sin documentos ni medidas mínimas de seguridad, aumentó la siniestralidad, no solo en carreteras, sino en el casco urbano de nuestras ciudades, en donde los accidentes se presentan a cada instante, pero no se toman medidas especiales de control.
A todo lo anterior, se suma una deuda histórica en materia de regulación del transporte informal y de vigilancia en las carreteras. Los puestos de control suelen ser esporádicos o ineficaces, y no existe una estrategia sostenida para integrar educación vial, campañas preventivas y sanción real a infractores. Cuando la norma es débil o no se hace cumplir, la movilidad se vuelve un terreno fértil para la improvisación