Parece insólito, Riohacha tres siglos atrás, fue un puerto muy bien calificado. Era el punto de encuentro entre las Islas del Caribe y el continente. Por aquí llegaron los bancos. Puerto López, fue la zona libre, que permitía la entrada y salida de mercancías para el intercambio con las Antillas.
De eso solo queda los recuerdos y calles, como la del Comercio, en donde las viejas casonas donde funcionaron los bancos, los grandes almacenes cuyos dueños fueron inmigrantes árabes, italianos, franceses, que hicieron de la región un paraíso comercial, en donde se hacían las transacciones de las perlas, y después se recibían las producciones de café, algodón, hoy están abandonadas y a punto de desplomarse.
La ciudad parece atrapada y viviendo un drama cíclico que se agrava con los años: la convivencia con las aguas servidas que invaden barrios enteros y la persistente deficiencia del sistema de acueducto que aún no logra garantizar agua potable continúa para todos sus habitantes. Esta situación no solo afecta la calidad de vida, sino que pone en entredicho la capacidad institucional para resolver un problema estructural que tiene raíces en décadas de abandono y mala planificación.
Dicen, que desde la maldición del padre Espejo, la ciudad comenzó un proceso de retroceso. A mediados y finales del siglo pasado, la ciudad tenía tres o cuatro clubes sociales, tres salas de cine, dos empresas de buses urbanos, pese a que no estaba Cerrejón y, solo a comienzos de los años 70, se comenzó a contar con la producción de la sal de Manaure.
En el fondo la maldición, como tal, nunca existió. Historiadores cuentan que fue una carta que el padre Pedro Espejo Daza escribió al irse de Riohacha. En ella, les pedía unirse y dedicarse al trabajo honrado, criticando la clase política que, según él, corrompía al pueblo.
El sacerdote Espejo Daza, no maldijo, simplemente dijo verdades, una de ellas, es que la mala política y los pésimos dirigentes le hacían daño a la región. De eso no cabe la menor duda.
Hoy en la capital de La Guajira, pese a que se notan algunos vestigios de progreso, estamos viviendo un estancamiento peligroso. No se notan muchas transformaciones entre sus dirigentes, para hacer causa común e iniciar una brigada de solidaridad para darle un giro al desarrollo de esta hermosa región.
Tan grave es la situación, que un grupo de ciudadanos suscribieron un comité para revocar el mandato al actual alcalde Genaro Redondo Choles, quien recibió una Administración empeñada, con sus finanzas agotadas, sus unidades de servicios cerradas y comprometidas con algunos particulares que no rinden cuentas. Los sistemas de acueducto y alcantarillado parecen ‘feriados’ y firmados con el mejor postor. Una triste y fría realidad.