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ANUNCIO PUBLICITARIO

Yo quiero ser presidente de Colombia

Soñar despierto no siempre debe interpretarse como una locura

Por: Martín Nicolás Barros Choles
mayo 20, 2025
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Yo quiero ser presidente de Colombia
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No es una postulación, son deseos y sueños que merodean, transitan y circulan en la mente de los seres humanos, conectados con medios que nos rodean y transmiten mensajes creados en el mundo físico de Dios. A todas las personas nos asisten derechos múltiples, generales, comunes o exclusivos; libres de discriminación y privilegios.

Desde el punto de vista, soñar despierto no siempre debe entenderse o mal interpretarse como una locura, en relación y prevención a las reacciones y comentarios que generaría la publicación de este titular. Burlas, sarcasmos, memes y quizás, cuantas vainas más. A nadie se le puede coartar derechos políticos y sociales de servir de manera voluntaria y aspirar a dirigir atenciones, soluciones u oportunas acciones indiferentes en beneficio colectivos. No se puede negar, esconder e ignorar la falta de gobernabilidad que padecemos, generadora de inseguridad y violencia, que nos conlleva a fatalidad.

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Todo ciudadano colombiano por naturaleza, en ejercicio, mayor de 30 años, que no haya sido condenado por delitos diferentes a políticos (rebelión, sedición, asonadas y conspiración) puede lanzarse al vacío o al agua, como águilas o patos a una aventura electoral en procura de ser elegido. Ha sido costumbre popular que los candidatos a la Presidencia de Colombia y otras naciones del mundo, los postulan los partidos políticos, aun cuando no es un requisito acreditar la afiliación política.

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En Colombia, las operaciones de los partidos son más comerciales que políticos, no están adoctrinados, ni alineados, a un pensamiento, carecen de registros de militancias, están direccionados por quienes ejercen con potestad vitalicia, a título de amo, señor y dueño absoluto. Aquí lo que existen son empresas políticas, no partidos, contaminadas de corrupción, que deberían estar bajo el control de la SuperSociedades, en vez del Consejo Nacional Electoral.

Colombia es una nación de variedad en entornos biodiversos y distribución geográfica territorial, con riqueza natural, víctima del deterioro forestal, minería y erosiones que la empobrecen, con responsabilidad de quienes han gobernado, conllevando a desgracias, de vivir en miseria y en desigualdad permanentes, circunstancias que sirven y utilizan para someter y humillar, rayando con principios democráticos excluyentes.

Es bueno diferenciar Gobierno popular de dictaduras, aun cuando muchos están disfrazados en apariencia de popular, pero no resulta cierto cuando amarran coaliciones para repartirse entre unos pocos ‘el ponqué’ popular. Deduzcan lectores, las causas y origen de los problemas, relativos con pobrezas, abandonos, retrasos en el desarrollo, crecimiento de violencias; consecuencia de malos gobiernos que hemos soportado o resignado en degradaciones sociales.

El costo de una campaña política a la Presidencia es abismal. Los topes establecidos en la Ley son una farsa para lo que gastan durante los tres meses de campañas. El valor se acerca a cifras de billón en algunos candidatos favoritos. Esa Ley utilizada para tumbar al presidente Gustavo Petro vale huevo, todos candidatos con mucha opción, terminan violando los topes legales, aun cuando únicamente persiguen para investigar al candidato ganador elegido, con apariencias contables incompletas, falsedades e inconsistencias. No se dispone de ningún mecanismo de control, auditorías para determinar qué cantidad de dinero por concepto de aportes ingresan a las campañas, de dónde provienen, personas facultadas para recepcionar recursos, costos de eventos publicitarios discriminados, transporte, divulgación propagandística, servicios laborales, arrendamientos en general,  vehículos, inmuebles y otros.

Mi deseo de ser presidente de Colombia no es otra que la de dar lección y enseñanza de Gobierno, de participación popular, con prioridad uno, abrir fuentes laborales para afianzar y estabilizar hogares familiares. Seguidamente facilitar espacios para motivar el deporte, el arte, la cultura y la recreación. Planificar, apoyar y promover acciones y operaciones de infraestructura y emprendimiento mercantil.

En tercer lugar, convocar una constituyente, para hacer todas las reformas que sean necesarias y pertinentes; con participación de  los sectores políticos, organizaciones sociales y gremiales, unificando criterios saludables vinculantes, con intención y propósito de pacificar el medio viviente, garantizar seguridad, en el orden público y en operaciones administrativas. Menguar la corrupción gradualmente, porque erradicarla de tajo, no es nada fácil acabar con una costumbre tradicional, pero no será imposible con nuevas formaciones educativas y actuaciones ejemplares, para quienes, en el futuro asuman responsabilidades populares con implementación de nueva política social. Esa es mi visión, frente a tantas negligencias, en no hacer. ‘Ni bailan, ni dan barato’. O ‘no lavan, ni prestan la batea’. De esta forma maduramos lejos de progresar.

Estamos acorralados por la polarización y corrupción. Debemos liberarnos del yugo politiquero y contradictorio de izquierda y derecha. De nada sirve seguir con uno u otro bando o banda. Vamos de mal en peor. Es necesario probar nuevas alternativas con personas desligadas de los carteles o bancadas. La izquierda que no había gobernado, tuvo la oportunidad, y tampoco dio la talla e incumplió los cambios prometidos. Si ya conocemos quienes nos han gobernado, durante muchos años, ¿seguiremos en las mismas, con los mismos que nos han mal gobernado? o ¿nos abrimos a otras opciones de mejores utilidades futuras, fortaleciendo la participación popular, subyugadas frente al poder representativo que debe ser limitado, secundario y dependiente de la democracia?

Gobernar no es montar conciertos de bandas para robar y enriquecerse, es servir solucionando problemas y necesidades de todas las índoles, controlar delincuencia y garantizar seguridad y partición indiscriminada. No perseguir opositores y promover producciones apoyando y protegiendo la economía. No seguir perdiendo el tiempo en constantes confrontaciones polarizantes, entre izquierda y derecha, en ambas existen personas de calidad que no han tenido la oportunidad de servir, por muchas condiciones originales y transparentes que los caracterizan, no se dejan utilizar de servidumbres, ni mucho menos de idiota útil para favorecer maniobras ilícitas que beneficien directamente al padrino, sin comprometerlo en conducta delictiva.

Se necesita un gobernante que no solo se incline y parcialice en divisiones, sino que pacifique los espíritus políticos, concilie diferencias en un tránsito de paz, fortaleciendo los cuerpos armados del Estado, con tecnologías inteligentes y equipos de reacciones para frenar la arbitrariedad de organizaciones y operatividad delincuenciales.

Recordando el historial de nuestros presidentes que han gobernado por más de un siglo y la cantidad de aspirantes a candidatizarse, nada se me quita con soñar y manifestar públicamente el deseo de ser presidente, aun cuando se logre por un milagro. Les aseguro que conmigo les iría bien, mejor que con los antepasados gobernantes y con los que ahora pretenden gobernar. Nadie se quedaría sin trabajo, ni habría marginamiento en la participación del Gobierno. Muchos precandidatos, fraccionados de inservibles partidos y tendencias ideológicas, buscan ser presidente para seguir igual de igual, sin esperanza de mejoría. Dime con quienes te coaligas y te acompañan, en la campaña presidencial y deduciremos el futuro del elegido presidente.

Los canales RCN o Caracol, deben hacer un reality, titulado: ‘Yo quiero ser presidente de Colombia’ abierto para quienes aspiren, a la vez conocer muchos factores personales, calidad intelectual, humana e informal, en un concurso televisivo.

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