Existe un lugar de múltiples lugares, ahí concurren unas mujeres de hábiles dedos que tejen chinchorros que llevan el color de las espumas de las olas del mar, en la profundidad de sus tramados llevan las gamas de las sabanas, el silencio del desierto, el colorido de los territorios pedregosos, de las serranías y las huellas de los vientos.
En este lugar brotan pensamientos y vidas desde lo femenino, aquí los vientres es un gran telar donde se hilvanan la complejidad del cuerpo humano, como notarán es un lugar lleno de maravillas y bellezas de la vida. Ahí vive todavía una cultura indígena, de quien se dice que fue próspera en su economía natural, sólida en su organización social y política, militar era bien formado. De lo que queda de ella aun es que sigue siendo distinguida, pero hay unas señales que indica que ha perdido aquella florida y gloriosa prosperidad, ahora camina entre las calles de los pueblos que se han anclado en su territorio milenario, suspira y encoge sus hombros, tal vez porque ya ha perdido sus conocimientos sobre como adquirir sus propios alimentos, se detiene y se mete entre las basuras para buscar con qué alimentarse. Muchas veces en las madrugadas se sienta para lamentar la desgracia irreparable, la muerte de sus descendientes por la hambruna que ha apagado los fogones de las casas. Sus hermosos ojos negros titilan una expresión dulce y de tristeza, siempre mira de lejos en las horas de la madrugada, ahí sentada en un chinchorro desgastado con el pasar del tiempo; mira a la mar, al desierto, a las sabanas, a las serranías como si entre ellas se escondiera algún tesoro perdido.
En medio de tanta miseria trata de dialogar con su entorno, entretejer esa conexión amputada, deja caminar su mirada entre los cardones, entre los dividivi, entre las tunas, mientras ella va hablando; ─todas han venido a verme, veo las almas de mis antepasados entre las sombras de estos vegetales, se giran y me sonríen junto a sus flores cuando se mueven, ahora son mis amigas desde su espiritualidad, pero no me han traído sus sabidurías, cuando quiero preguntarles me dan la espalda, se esconden ¿Qué cosa estaré haciendo mal?
Seguramente no recuerda que sus sucesores se han educado con otra forma de educación, una educación que no fortalece su sabiduría de acuerdo a la diversidad de conocimientos que se encuentran dentro de su territorio, una educación que ha traído un sistema nutricional de otros lugares lejanos, la que desvaloriza y discrimina los nutrientes que contiene los frutos del cardón, del trupillo, del guamacho, del maíz y de la ahuyama.
Sigue muriendo sus descendientes y los que no se han muerto, crecen y están convencidos que hay que seguir educándose con la educación que lo están llevando a la destrucción, están convencidos que no hay que curarse más con las plantas medicinales que se encuentran dentro del territorio, prefieren edificar casas de cementos que se llaman centro de salud, pero todo esto no es más que un engaño para adquirir los papelitos dorados, mintiendo siempre que es la mejor solución para dejar de morir.







