Por: Noralma Peralta Mendoza
Era viernes 12 de agosto y yo tenía muchas cosas en mi mente y en mis apuntes, pero aún no sabía cómo enfrentar la ponencia, que tendría esa noche en ‘La tertulia’. A eso de las 4:00 de la tarde supe que hablaríamos de Leandro a través de sus canciones. Así que cuando quise contar su biografía escuchamos: ‘La historia de un niño’ y ‘Dios no me deja’.
Hablamos de su primera canción: ‘15 de julio’, que no fue grabada. La hizo Leandro cuando tenía unos 12 años, cuando toda la familia se fue y lo dejaron solo 15 días, el dolor, la tristeza y el enojo le llevaron a componer una canción llena de resentimiento, tan fuerte que su mamá llorando le pidió que nunca más volviera a cantar esa canción.
Así lo hizo. El momento más doloroso de su vida sacó a relucir el talento con el que Dios lo había recompensado por haberle negado la vista al nacer. En adelante Leandro le hizo canciones a la naturaleza, a las mujeres, a los amigos, a la vida en todas sus facetas, a su música vallenata y a él mismo. Hizo canciones costumbristas, románticas, sociales, filosóficas; haciendo uso de géneros narrativos como la crónica, la descripción detallada, el cuento, el relato, y ni hablar del uso de las figuras literarias a su antojo, sobre todo la ironía y la sátira; convirtiéndose, sin proponérselo, en el poeta ciego, (yo le agrego “y genio”) de la canción vallenata, que nos llena de asombro, respeto y admiración; ante la calidad indiscutible de su obra inmortal.
Investigando a cerca de la primera canción que le publicaron a Leandro, Ivo Díaz (Hijo de Leandro) dice que: “De no haber sido porque Abel Antonio Villa la grabó bajo su autoría y no la de Leandro, la primera canción sería La Loba Ceniza, (Grabada como ‘La camaleona’). De modo que ante la negativa de Abel Antonio de reconocer la autoría de Leandro, la primera canción grabada legalmente a su nombre fue ‘Olvídame’, afirma Ivo Luis. Esta canción en su primera versión es producida por la Orquesta de Pacho Galán, en la voz de Tere García.
Luis Eduardo Acosta Medina, vallenatologo monguiero, dice que: “La primera canción se la grabó Alejo Durán ‘A mí no me consuela nadie’ en 1970”. Por su parte, el médico y vallenatologo Álvaro Ibarra dice que: “En el libro sobre Leandro Díaz, que escribió Jaime Maestre Aponte, profesor de la UPC, aparece una versión que data de 1956 por Luis Enrique Martínez”. Hoy me envió la página 345 del libro, que narra cronológicamente algunos hechos importantes y el primero que registra del año 1956 reza: Luis Enrique Martínez graba ‘A mí no me consuela nadie’ bajo el nombre Esperanza Perdida.
De todos modos, según la versión de Ivo, esta fue la segunda canción que le grabaron a Leandro, y como no pude tener el año exacto en que se publicó ‘Olvídame’ por Pacho Galán, dejó abierta la discusión.
Otro delito de plagio, está vez en melodía, lo hizo Escalona cuando escribe ‘La brasilera’ sobre la melodía de ‘Corina’. “En este caso, Escalona sí reconoció el plagio y existe un documento notariado donde se deja la constancia que el autor de esa melodía es Leandro Díaz”. Me confirmó Ivo Díaz, el heredero del legado musical de Leandro.
La tercera canción grabada es ‘El verano’: “Como les digo compañeros míos llegó el verano, llegó el verano. Ahora se ven los árboles llorando, viendo rodar su vestido” ni usted, ni yo, teniendo nuestra vista sana podríamos haberlo dicho mejor, así como hay muchas versiones y ninguna supera la de Alejo.
Leandro le compuso a Las Mujeres: ‘Preciosa mujer’, ‘Morenita’, ‘La viajerita’, ‘La gordita’, ‘Mujer infiel’, ‘Toda mujer no es igual’, y así como le cantó a ‘La loba ceniza’, le cantó a ‘La Diosa coronada’, Le cantó a Corina, Marisol, , Carmencita , Elizabeth, Margarita, Olguita, Chabelita, y a la muy famosa Matilde Lina, que se convirtió en la canción más reconocida de Leandro Díaz, con más de 40 versiones, a los 43 años de su lanzamiento y contando, pues se prevé que Silvestre Dangond, que interpreta a Leandro en La novela homenaje a Leandro, la ha grabado junto a otros clásicos y 4 canciones inéditas del ciego trovador.
Leandro se inspiró en la naturaleza: ‘El Verano’, ‘la primavera’, ‘La Mujer y la Primavera’, ‘el cardón Guajiro’, ‘El gallito’, ‘Terrible gavilán’, ‘El pájaro Engreído’, ‘Debajo del palo e mango’, ‘El arbolito, Brisitas sabaneras’ y sigue…
Le cantó a sus momentos de amor y pena, a los pueblos que le acogieron, a amigos y sus situaciones, a lo que pasa, a la música que amó y a él mismo. Así compuso Soy que termina siendo un canto social bellísimo, con el que intuyo, Leandro asumió un rumbo diferente en su vida y no aceptó en adelante menos delo que se merecía.
Muchos son los compositores que se han referido a Leandro en sus canciones, lo vemos caminar con Iván Ovalle en los ‘Caminito del Valle’. Surge en los más lindos recuerdos de las canciones inmortales en los ‘Amaneceres del Valle’ de Romualdo Brito. Lo oímos, cuando escuchando las voces de las ‘Almas felices’ que hacen vibrar el corazón de Poncho Cotes Maya. Con el Pintor de letras, armonías y sentimientos Adolfo Pacheco pintó lo que no se ve. Sacó gritos de orgullo y alegría del corazón de Carlos Huertas, afirmando con certeza que cuando Julio y Leandro cantan, cantan bonito porque están soñando con La Guajira.
Tres canciones en honor a Leandro, han sido ganadoras del Festival Vallenato, ‘Dame tu alma’ – Ivo Díaz 1993. ‘Maestro de Maestros’- Deimer Marín 1999 y ‘Ciegos Nosotros’- Adrian Villamizar 2001.
¡No queríamos terminar! Nos abrazamos una y otra vez como quien no quiere salir del breve momento de inmortalidad que se percibía en el ambiente supimos entonces que Leandro está vivo y presente y que así será por siempre, porque los hombres que viven como Leandro, siguen vivos. ¡Nunca Mueren!







