“Yo sé que te voy a encontrar esperándome siempre. Entonces qué me importa el mundo si tu amor vendrá…” Escuchaba Romanza mientras me entonaba para empezar a escribir y me imaginaba a su novia flaquita y tierna, vestida de un rojo coral, sentada en un tronco, mirando los claros de luna entre sombras de almendro. Y al ratico ya no era ella, era él: “Mueran los luceros y nuevamente la noche negra se abrace a mí, que se acabe el mundo de un cataclismo si no te espero con más amor…”!Coge, que juramento tan bravo¡ Me “pinto” a Shendo: Un “indiecito” con carita serrana, sintiendo que sus palabras son flores, que caen al río; imaginando en cada verso, que la poesía, mientras ella penetra su corazón con su mirada, con filo de espada. Qué escena! Lo veo alzar la mano diciendo adiós, y caminando a la sierra, silbando una melodía cantarina, única, quizá la más bella de todas las que llegaron del universo de las melodías al corazón de Shendo: Copitos de Pino, mi favorita.
Copitos, melódicamente hablando tiene un toque especial, fresco como el rocío que te riega la cara frente a una caída de agua; y en cuanto a contenido, a mi juicio, es una canción que no está influenciada, sencilla, muy verdadera, que salió directo del corazón, sin intervención del cerebro, sin premeditar su efecto poético, solo dejando salir el sentimiento en cada verso. O usted cree que decir Como naranja dulce que se ha madurado entre las ramas, te ves bonita sin ser naranja, me causa gusto tenerte a ti… es Pa’ Juga al voltea’o? Eso se respeta!!¿Usted sabe lo que es describir con una melodía divina, el sabor de la mujer que amas? comparándolo con el de una naranja que se coge madura de la rama, con ese sabor perfecto, sin el golpe de la caída; de mañanita, cuando el frío de la madrugada en la sierra, ha hecho su efecto refrigerante. Eso no tiene nombre!! ¿Qué nombre se le pone a esa sensación de sentir su redondez fresca en la mano, oler ese frescor exquisito, al quitar la cáscara y devorar cada gajo lleno del más delicioso jugo? Ay Dios mío!! Eso solo lo puede describir un poeta consagrado. Y como la imaginación es mía, quiero pensar que mientras Shendo se comía la naranja dulce; en otro plano, en una cocina de bahareque, huele a café en ollita, a arepa de queso en parrilla, con brasas suaves pa’ que no se asen arrebata’, a leche recién ordeñada empezando a hervir y a cebollín sofrito para unos huevos criollos, que las gallinas regalaron el día anterior, súmele, que todo eso fue preparado por Ana Antonia Ospino en la Serranía del Perijá. Vea, Si usted no ha vivido esto, usted no sabe lo que es delicias y quizás piense que Copitos de Pino no le ve una a Mi Poema.
Teniendo al autor de la más sencilla y tierna canción de amor, frente a mí, obvio que quise saber cómo nació y cantarla con él.
Me contó Shendo que en 1980, cuando apenas yo tenía 10 años y no había salido de La Peña, pero conocía el mundo a través de la música, él cometió el error más viejo que puede cometer un hombre: Enamorarse de una mujer! Y lo tengo como un error porque yo me enamoré de una mujer blanca y yo era negro y los negros no tenemos derecho de enamorarnos de una mujer blanca! Y yo tuve que sacarla de la universidad y salirme yo, para llevármela; porque nosotros habíamos acordado que si se oponían nos volvamos y nos fugamos, pa’ Bogotá. Un tiempo después, yo fui a Sayco a cobrar unas regalías y me encontré que el presidente era el doctor Jorge Villamil, y yo pensé, este es el que me va a arreglar el problema. Entré y le pedí ayuda, le expliqué: “Maestro es que yo me saqué una muchacha…El papá me anda buscando, el anda arma’o y eso es peligroso; hable con el pa’ que nos deje tranquilos”. El Dr. Villamil, le pidió a Chay que le marcara a su papá.
– Aló? Señor Enrique, Soy Jorge Villamil, presidente de Sayco y aquí está Rosendo que es miembro de esta honorable institución y me dicen que usted los anda buscando armado.
Enrique sintió vergüenza de sus actos.
– No señor! armado no, sino que él se llevó a la hija mía y yo la tengo que buscar, pero no armado, maestro, no no, no
– Bueno y usted no se ha enamorado?
– Sí, de la mamá de ella y nos casamos
– Bueno ellos también se casaron, se aman, déjelos tranquilo
– Sí maestro, siendo así, no hay problema.
Arreglado el chico, Shendo y Chay sequedaron viviendo un tiempo en Bogotá. A Chay le sobraba ciudad y a Shendo pueblo, acostumbrado al canto de los pajaritos al despertarse, el murmullo del río, la gritería de los pericos; en la ciudad no le brotaba la inspiración.
“Estaba enamorado pero me faltaba mi ambiente, el paisaje y yo le preguntaba a ella qué hago para componer y ella me decía: “Ay Gordi, mira que hermosos los copitos de pinos, son muy bellos; mira que ellos echan un corpiño hermoso que parece cuando la ardilla encrespa la cola”. Me quedé mirando los pinos y sí eran bonitos, pero no eran como el paisaje de allá, entonces la miraba y ella sí era el motivo…” terminó de relatar Shendo y empezamos a cantar frase a frase la canción que
En estas montañas no hay caracoles de mar, ni mis playitas de allá, de arenas blancas
Que me den tus besos sabores frescos del mar para poderme inspirar con sentimiento
Ay copitos de pino que son adornos de sacro monte. Hay veces en las ciudades se ven bonitos y donde vaya serán reflejo de esta tonada que será siempre de ti
Como naranja dulce que se ha madurado entre las ramas, te ves bonita sin ser naranja, me causa gusto tenerte a ti
Y en ti todo es un motivo para cantar conmovido
“Esa es la razón por la que yo escribo copitos de pino, y lo hago en Bogotá. Es una canción que te refleja el paisaje de allá; y es que yo siempre he sido paisajista, sabes? Porque pienso que una canción sin paisaje es una canción vacía.”
Vuelvo a cantar el verso: será reflejo de esta tonada que será siempre, siempre de ti, remarcando de ti, y le pregunto, de tu esposa, cierto? Y fue tu único matrimonio? A esas alturas yo creía que la mujer que había saludado al llegar era la dueña de mi canción. – No, porque yo me enamoré de una mujer que le daban vacaciones en Europa, una mujer que tenía medios económicos y yo no tenía, por eso te digo que fue un error, porque si yo me hubiera preparado primero, yo hubiera sido un profesional y hubiera respondido mejor… Nosotros llegamos a vivir a Barranquilla en un apartamento que nos regaló su papá en un sitio exclusivo en Barranquilla, pero yo lo único que tenía era mis regalías y me las pagaban a precio de gallina flaca, con tremendos éxitos, pero las regalías se las robaban. Nosotros vivíamos de milagros, yo vendía a la Olímpica plátano, coco, tomate de árbol, limón que traía de Maicao, frutas venezolanas. Después me empezaron a contratar para cantar; la primera presentación fue en Venezuela; me pagaban muy bien; ya empezaba a tener para darle a lo que estaba acostumbrada, pero ya traíamos problemitas y se reventó. A los 10 años nos separamos, no nos dio resultados, ella cogió por su lado y yo por el mío”. Relataba Shendo la historia de un amor que produjo esa y otras hermosas canciones que son joyas del vallenato, como A Dos Voces.








