El actor Sylvester Stallone dio vida al personaje de la película ‘Rambo’, un exmilitar experto en técnicas de supervivencia y combate.
Riohacha también tuvo en la persona de Jairo Manuel Ramírez Pérez su ‘Rambo criollo’, pintoresco hombre de calle que con armamento de palo y canana al pecho imitaba al personaje cinematográfico pero con la diferencia de que este ‘Rambo’ no mataba a nadie, sino que disfrutaba con sus ocurrencias y nos hacía reír; era alegre, cantaba, bailaba y estaba presto a hacer el mandado que le pidieran; tenía un espíritu cívico y sentido de pertenencia por la ciudad, barriendo calles y manteniendo limpio el parque Padilla.
Hasta aquí todo bien, nuestro ‘Rambo’ era bueno y simpático, pero las cosas hay que colocarlas en su contexto para decir que nos hubiera gustado ponerlo como ejemplo de vida ante niños y jóvenes, pero por muy popular y querido que haya sido no lo podemos hacer pues los vicios lo atraparon, destruyeron su salud y su vida hasta su muerte el pasado 30 de abril. Esa vida no es modelo a seguir.
No digo por eso que no mereciera el reconocimiento que el pueblo le hizo, no, ni el funeral que tuvo, porque como ser humano y por dignidad lo merecía, como cualquier persona. En su entierro vimos gente de todas las condiciones sociales acompañarlo hasta el cementerio central, lugar donde durmió muchas noches y que él cuidaba como su casa.
Al día siguiente del sepelio alguien publicó en el Oráculo de este periódico que solo falto el decreto de honores, lo que suele hacerse cuando muere un personaje importante para destacar su nombre o figura, y la muerte de ‘Rambo’ tuvo la connotación de alguien importante en la ciudad, con misa en la Catedral, calle de honor, bandera encabezando el cortejo fúnebre, llevado en hombros por amigos y escoltado por simpatizantes que blandían armas de corto y largo alcance – de madera claro está.
Ni el mismo ‘Rambo’ hubiera soñado una despedida así y menos las manifestaciones de simpatía de la gente que lo acompañó en su velatorio y entierro, pero lo paradójico de todo este escenario macondiano es que precisamente mucha de esa gente que pudo ayudarlo en vida, ni el gobierno municipal, no le dieron la mano para sacarlo de su “infierno”, rehabilitarlo y que tuviera una vida digna, y así mostrarlo como ejemplo de superación y servicio ciudadano.
Alguna vez dije en redes sociales que ‘Rambo’ sería un buen alcalde por su actitud cívica, de lo que deben aprender quienes aspiran a gobernar la ciudad, pues parte de la crisis que hoy padecemos se debe a la falta de sentido de pertenencia y de civismo que hemos ido perdiendo por lo nuestro.
Personajes como ‘Rambo’ con sus anécdotas, ocurrencias y “películas” que él mismo inventaba y protagonizaba, son parte de la cultura popular, y ahora de la historia de Riohacha; lo cierto es que nos identificábamos con su espíritu solidario y él lograba sacarnos una sonrisa con sus “locuras”. Una oración por su alma y descanso eterno.







