Villanueva, La Guajira, se prepara para vivir, del 12 al 19 de septiembre, una nueva edición del Festival Cuna de Acordeones, uno de los acontecimientos culturales más importantes de nuestra tierra y sin exageraciones, el segundo festival de su género en Colombia después del Festival de la Leyenda Vallenata. Sin embargo, ante la tragedia ocasionada por el reciente terremoto que afectó a cuatro departamentos del país, considero necesario abrir un debate sereno, humano y responsable: ¿se debe aplazar el Festival Cuna de Acordeones?
No se trata de desconocer la importancia del festival ni de restarle valor a una celebración que hace parte de la identidad cultural de Villanueva y de La Guajira. Tampoco de apagar la música, mucho menos de darle la espalda a nuestros músicos, compositores, acordeoneros y gestores culturales. Se trata de entender que, frente al dolor de miles de compatriotas que hoy enfrentan pérdidas, daños materiales, incertidumbre y angustia, también la cultura puede expresar solidaridad.
Un terremoto no solamente derrumba paredes. También altera vidas, destruye hogares, separa familias y deja profundas heridas emocionales. Cuando una tragedia de esta magnitud golpea a varios departamentos, el país entero debe sentirse afectado. La solidaridad no puede ser solamente una palabra pronunciada durante las primeras horas de la emergencia; debe convertirse en hechos, gestos y decisiones que demuestren que Colombia sigue siendo una nación capaz de acompañarse en los momentos difíciles.
Por eso considero que Villanueva podría enviar un mensaje extraordinario al país: aplazar el Festival Cuna de Acordeones no sería cancelar la cultura, sino ponerla al servicio de la solidaridad nacional. Sería una decisión dolorosa, seguramente compleja, pero cargada de humanidad y de sensibilidad social.
El festival tiene una enorme trascendencia para Villanueva. Durante varios días la llamada Cuna del Acordeón recibe visitantes provenientes de distintos lugares de Colombia y del exterior. Llegan artistas, compositores, acordeoneros, periodistas, empresarios, dirigentes políticos, autoridades y amantes del vallenato. La población se transforma y la economía local se mueve alrededor de esta gran fiesta cultural.
Precisamente por esa dimensión nacional, el Festival Cuna de Acordeones tiene una responsabilidad que trasciende las fronteras de Villanueva. Siempre han estado presentes personalidades del Gobierno nacional, autoridades departamentales, dirigentes políticos y representantes de diferentes sectores. Este año podría convertirse en una oportunidad para que todos ellos, unidos a los organizadores y a la comunidad villanuevera, conviertan el festival en una expresión de solidaridad con los damnificados.
Aplazar no significa renunciar. Significa buscar una nueva fecha, cuando las circunstancias permitan celebrar con tranquilidad y cuando el país haya avanzado en la atención de las comunidades afectadas. El acordeón seguirá esperando. Los compositores seguirán componiendo. Los cantantes seguirán cantando. Y Villanueva seguirá siendo la Cuna del Acordeón.
Incluso, el aplazamiento podría convertirse en una demostración de grandeza institucional. Una decisión concertada entre la organización del festival, la Alcaldía de Villanueva, la Gobernación de La Guajira, las autoridades nacionales, los artistas y los patrocinadores mostraría que los grandes acontecimientos culturales también saben interpretar las circunstancias históricas.
*Sería, además, una oportunidad para que el festival adopte un nuevo significado. Cuando finalmente se realice, podría llevar un mensaje especial: *Villanueva canta por Colombia y por los damnificados del terremoto*. Cada acorde de caja, guacharaca y acordeón podría convertirse simbólicamente en un abrazo para quienes hoy necesitan apoyo.
No desconozco las dificultades económicas que implicaría aplazarlo. Hay contratos firmados, artistas comprometidos, hoteles reservados, restaurantes que esperan visitantes, comerciantes que preparan sus negocios y numerosas familias que dependen directa o indirectamente de la actividad económica que genera el festival. Todo ello merece ser considerado con responsabilidad.
Pero precisamente por esas razones, el aplazamiento tendría que hacerse con planificación, concertación y transparencia. No puede convertirse en una decisión improvisada. Deben revisarse contratos, compromisos, patrocinios, logística y disponibilidad de escenarios, buscando que ningún sector resulte innecesariamente perjudicado.
También sería una oportunidad para demostrar que la solidaridad puede generar economía. ¿Por qué no pensar en que el festival, en su nueva fecha, destine parte de sus ingresos o actividades a un fondo de ayuda para las familias afectadas? ¿Por qué no convocar a los artistas para realizar un gran concierto solidario? ¿Por qué no convertir la música vallenata en instrumento de reconstrucción?
Villanueva tiene autoridad moral para hacerlo. Es una tierra que conoce el valor de la solidaridad, de la amistad y de la parranda compartida. Aquí la música nunca ha sido simplemente entretenimiento. El vallenato es memoria, identidad, sentimiento, historia y una forma de contar las alegrías y las tristezas de los pueblos.
El Festival Cuna de Acordeones ha construido durante años un prestigio que debe preservarse. Su condición de segundo gran festival vallenato del país, después del Festival de la Leyenda Vallenata, no se debe únicamente a la calidad de sus concursos. También se debe al cariño de Colombia por Villanueva y por la riqueza musical que ha entregado al folclor.
Por eso, una eventual decisión de aplazarlo debe ser entendida como una pausa y no como una derrota. Los grandes acontecimientos culturales no solamente se miden por la cantidad de artistas que presentan o por el número de visitantes que reciben. También se miden por los valores que son capaces de transmitir.








