El derecho a la protesta social, pública y pacífica, en Colombia está garantizada por el artículo 37 de nuestra Constitución Nacional. Y, además, existen sentencias de Altas Cortes que reconocen que el derecho a la protesta tiene estrecha relación con otros derechos fundamentales protegidos. Por todo esto, nadie puede prohibir la protesta pacífica a una persona, individual o colectivamente, como tampoco nadie puede obligar a ningún ciudadano a participar de una protesta.
Puede protestar una persona de manera individual, la comunidad no organizada y la organizada como sindicatos, confederaciones, gremios, y grupos específicos como el estudiantil, entre otros.
Las protestas siempre han tenido un fin propio con el propósito de buscar mejoras, lograr reivindicaciones, reclamar beneficios legales negados o por compromisos incumplidos, etc.
Todas, supuestamente están organizadas y planificadas bajo un formato teórico, escrito para cualquier tipo de protesta, ya sean manifestaciones, movilizaciones no violentas, asambleas, boicots, huelgas, sentadas, entre otras formas de protestas.
Constitucionalmente, cuentan la protesta y los protestantes con la protección del estado y los organismos de seguridad.
Entonces, en el marco de este escenario siempre se espera que toda forma de protesta comience y termine bien, sin disturbios, sin perturbaciones y sin el daño a la propiedad privada.
Hoy estamos, admirablemente, amenazados por el Gobierno nacional y el propio Jefe del Estado, con una posible convocatoria a una huelga general. Su motivación es porque si el Congreso de la República no aprueba como el presidente y el Gobierno quieren, los proyectos o propuestas de origen gubernamental que cursan en sus comisiones para llevar a plenarias, habrá esa huelga.
Esto es una paradoja puesto que entre los principales actores que deben dar respuesta a protestas, como son el Estado y el Gobierno, están esta vez ellos fabricando la convocatoria para protestar, y sería un poder del Estado, el Ejecutivo, contra otro poder del Estado, el Legislativo.
No son esta vez los sindicatos, o federaciones u organizaciones sociales contra la empresa privada o instituciones públicas del Estado quienes están convocando. Es el propio Gobierno. ¡Enmascárenla como quieran! Aquí “los pájaros están tirándole a las escopetas”.
Tengo que aclarar y reafirmar que yo no me opongo a un derecho fundamental como es la protesta pública y pacífica, y mucho menos, cuando hayan reclamaciones por injusticias o violaciones de derechos. Eso sí, que sean protestas sin causar daño a los derechos y libertades de los exentos a esas medidas de hecho, ni perjuicios a la propiedad privada.
Estoy tan sorprendido como tantos colombianos por el origen de esa huelga con que nos están amenazando.
Si esa huelga se da, para la Policía y demás organismos o entidades del Estado responsables de la seguridad ciudadana y de salvaguardar los bienes, la honra, la integridad física y la vida de los colombianos que no compartimos esa estrategia del Gobierno de promover una huelga con manifestaciones y movilizaciones sin filtros y sin control de los participantes, es un gran desafío para ellos, y un gran suceso que nos pondrá en riesgo, y, además, va en contra de lo que el Estado y el Gobierno deben brindarle a sus ciudadanos como es la convivencia pacífica.
Es un error social, económico y político esa inducción que principalmente el presidente Petro y el ministro Benedetti están atizando, y llevando, a la masa amorfa y sin conocimiento de sus activistas y de sus áulicos, directivos de sindicatos y organizaciones sociales, a sabiendas de que muchos de los afiliados y miembros de esas comunidades pagadas, no tienen ni idea ni conciencia porque irían a una protesta (de huelga general están hablando creadores, gestores y Gobierno), por lo tanto, es indigno abusar del desconocimiento de esos ciudadanos y de los ‘invisibles’ de los sindicatos, federaciones y asociaciones de diferentes naturaleza.
Sr. presidente, sr. ministro, directivos sindicales, ustedes saben muy bien que una manifestación o movilizaciones de estas, pasan de evento pacífico a no pacífico de una esquina a otra, y cuando se desbocan no aguanta nadie a una turba enardecida, y no tendrán la excusa perfecta para decir que actúan así ‘porque los provocó la policía’ (antes el Esmad), puesto que el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y de la Policía del país, dio la contraorden al deber ser de la Fuerza Pública como es el de mantener el orden, proteger y defender a los ciudadanos. Entonces, ante semejante desprotección y las hordas acicateadas, envenenadas y llenas de odio, sin control ni freno, lo que se espera en veredas, pueblos y ciudades de Colombia, es más desgracias, bandolerismo, asonadas, y ni lo quiera Dios muertos o lesionados.
O sea, está orquestando el Gobierno un estallido social para después ir a buscar culpables donde no los hay y por ahí derecho politizar la situación y convertirla en instrumento de campaña presidencial y de Congreso.
¡Ojo presidente y ojo ministros del Interior, de Trabajo y de Salud!
La democracia no es que sea útilmente permisiva, ella tiene sus normas y fundamentos, pero si las mismas instituciones del Estado se encargan de violentarlas y luego poner los defectos resultantes de esa violación al servicio del desmadre institucional, de la violencia del Estado y de la barbarie de los desadaptados, arderá el país y lo lamentaremos o lamentarán quienes queden para contarlo.
Sr. presidente, no es esta una huelga para reclamar derechos o buscar resarcir injusticias. Es su protesta contra usted mismo, contra su mesianismo, contra su soberbia por no lograr arrodillar a un Congreso. Desafortunadamente usted tiene en estos momentos a ministros, congresistas, influencers, activistas y falsos líderes sociales hipnotizados y sometidos a su voluntad y ego, y, además, les tiene dominados su espíritu crítico para que dejen de ser ellos y se conviertan en sus robotizados funcionarios. Así es fácil y conveniente para usted gobernar, pero catastrófico para la nación, para los poderes genuinos del estado, para el liderazgo político y para el pueblo mismo.
¡Por favor mesura!
¡Hay que descomprimir, señores del Estado y del Gobierno, esa ‘bomba de tiempo’!
¡Que no sea la meta imponernos sino entendernos!
¡Si ganáramos todos, vaya y vuelva, pero con una protesta donde vamos a perder todos, no tiene sentido!








