La represa del Ranchería ha sido, durante más de medio siglo, el gran símbolo de esperanza de los guajiros. Sobre ella se han escrito innumerables artículos, estudios, discursos y promesas. Cada Gobierno ha despertado nuevas expectativas, pero también ha dejado nuevas frustraciones.
Durante años, la historia de esta obra pareció resumirse en una frase: mucho se anunció y muy poco se ejecutó. La primera fase quedó concluida, pero la segunda, la verdaderamente transformadora para la agricultura y el desarrollo económico de La Guajira, permaneció detenida.
Desde la inauguración de la presa de El Cercado, el 27 de noviembre de 2010, el embalse ha almacenado millones de metros cúbicos de agua, 190 millones para ser más precisos, mientras miles de hectáreas continúan esperando los distritos de riego que conviertan ese recurso en riqueza, empleo y seguridad alimentaria.
Los guajiros fueron testigos de innumerables anuncios, estudios técnicos y promesas de financiación que nunca pasaron del papel. Cada nueva Administración hablaba de la terminación de la obra, pero el tiempo seguía transcurriendo sin resultados concretos.
Muchos dirigentes nacionales visitaron La Guajira para anunciar soluciones. Algunos incluso celebraron nuevos estudios como si fueran el comienzo definitivo de la culminación del proyecto. Sin embargo, la realidad continuaba siendo la misma: la segunda fase permanecía inconclusa.
Hoy el panorama comienza a cambiar. La llegada del nuevo ministro de Agricultura, el guajiro Indalecio Dangond Baquero, representa una oportunidad histórica para que este viejo anhelo deje de ser una ilusión y se convierta finalmente en una realidad.
Indalecio Dangond conoce profundamente el campo colombiano y, sobre todo, conoce las necesidades de La Guajira. Su experiencia en el sector agropecuario y su compromiso con el desarrollo rural permiten albergar una esperanza distinta, basada en el conocimiento y la capacidad de gestión.
A ello se suma el respaldo del presidente electo Abelardo De la Espriella, quien ha manifestado su propósito de impulsar grandes obras de infraestructura que contribuyan al crecimiento económico de las regiones.
La combinación de un presidente comprometido con el desarrollo nacional y un ministro guajiro al frente de la cartera de Agricultura abre un escenario que hace apenas unos años parecía imposible.
Por eso hoy puede hablarse de una verdadera ‘Patria milagro para el Ranchería’. No como un simple eslogan político, sino como la posibilidad de convertir en realidad una deuda histórica con todo un Departamento.
La culminación de la segunda fase significaría la puesta en funcionamiento de los distritos de riego de San Juan del Cesar y Ranchería, beneficiando a miles de productores agrícolas y fortaleciendo la seguridad alimentaria del Caribe colombiano.
También permitiría diversificar la economía guajira, reduciendo la dependencia de la minería y abriendo nuevas oportunidades para la producción de alimentos, la agroindustria y las exportaciones.
El agua almacenada durante tantos años dejaría de ser un recurso subutilizado para convertirse en el motor del desarrollo agrícola de toda la región.
La Guajira no necesita más estudios interminables. Necesita decisiones, inversiones y ejecución.
Durante décadas, los guajiros han esperado con paciencia. Esa paciencia merece ser recompensada con hechos concretos.
La culminación de la represa generaría empleo, impulsaría nuevas inversiones privadas y mejoraría la calidad de vida de miles de familias campesinas.
Sería además una forma de honrar el esfuerzo económico realizado por el Departamento mediante recursos de regalías destinados a esta importante infraestructura.
La historia demuestra que las grandes regiones se transforman cuando el agua se convierte en desarrollo. La Guajira posee ese potencial y ha esperado demasiado tiempo para aprovecharlo.
Hoy existe una coyuntura política diferente que no debe desperdiciarse.
Los dirigentes guajiros, sin distingos partidistas, tienen la responsabilidad de rodear esta iniciativa y trabajar unidos para hacer realidad la culminación del proyecto.
No es momento para divisiones ni protagonismos. Es el momento de construir consensos alrededor de la obra más importante para el futuro agrícola del Departamento.
Si el Gobierno nacional convierte esta promesa en realidad, quedará escrito un nuevo capítulo en la historia del desarrollo de La Guajira.
Los guajiros hemos vivido demasiados años de promesas incumplidas. Ahora esperamos que la voluntad política se traduzca en obras concretas.
Con la llegada de Indalecio Dangond Baquero al Ministerio de Agricultura y con el respaldo del presidente electo Abelardo de la Espriella, renace una esperanza que muchos creían perdida.
Que esta sea, por fin, la ‘Patria milagro’ para el Ranchería: el momento en que el agua deje de ser una promesa represada y se convierta en progreso, productividad, bienestar y dignidad para todos los guajiros.








