Centrémonos en esta realidad, ubiquémonos, como es común decirle hoy a quien pareciera estar fuera de la realidad o, ‘miando fuera del tiesto’.
Es una realidad que a los del resto de Colombia ‘les resbala’ o sea, no les importa, por ejemplo, las circunstancias que permitan hablar bien de La Guajira, o esbocen posibilidades de mejorar nuestras realidades carenciales, institucionales, de desarrollo humano, infraestructurales o de imagen, … ¡ah! pero sí les interesan nuestras tragedias, eso sí, para darles brillo, resplandor y color, y pintarlas con el amarillismo mediático de la ignominia.
Convierten todo en noticias rimbombantes y estigmatizantes, o en crónicas de señalamientos, disque producto de unidades investigativas; en imputaciones generalizadas, en modelo criminal y de desidia, y hasta nos ponen como ‘chivo expiatorio’. Lo cierto es, y hago como especie de conclusión antes de terminar mi escrito, que nada de lo que ocurre y ha ocurrido en La Guajira es distinto a lo que hacen o infringen en otras partes de Colombia, y cuidado son más depredadores; e igualmente, son dirigidas esas acciones malévolas a lo mismo: contra el Estado, contra las leyes y contra las instituciones, y son los mismos efectos: contra el bienestar de la gente, contra el patrimonio público, contra la moral pública, contra los intereses guajiros y contra la fe en las instituciones del Estado.
Por eso digo que al resto de Colombia no le interesa, por ejemplo, hoy en La Guajira cabalgamos inexorablemente hacia una etapa que avanza, y pareciera que quisieran acelerarla, y es: La Guajira sin explotación de carbón del Cerrejón, y de paso sin las compensaciones y regalías que esta actividad genera y nos ha generado durante 40 años.
Esto visto desde ciencias como la Sociología y la Economía, pinta un panorama preocupante, de gris a negro, y hasta ahora con un manejo institucional incierto desde donde debería tenerse el mayor interés, de donde deben darle la mayor importancia a ese hecho, donde deben agendarlo como punto altamente sensible, y acometerlo como punto de partida para construir sobre lo construido la nueva era de generación de desarrollo social, económico y humano en La Guajira post-carbón.
Aquí, y por eso es que afirmo, que eso no les interesa a esas partes de Colombia llamadas: Estado y Gobierno nacional.
A 10 años de la terminación de la actividad industrial minera, la mayor industria a gran escala en La Guajira, o de una probable disminución drástica de su producción, o al ras de lo rentable, no hay en los ministerios de Minas y Energías, del Trabajo, del Ambiente y Desarrollo Sostenible, de Comercio, Industria y Turismo y ni el Departamento Nacional de Planeación y ni la Agencia Nacional de Minería, Planes Estratégicos de gestión de estos sectores para mitigar, o para el cierre de la mina, y para La Guajira post-carbón, excepto la intención de ‘descarbonizar’ pero sin otras alternativas colectivas distintas a la transición energética como polo de reconversión laboral y fuentes de ingreso, para la nación principalmente.
No hay una invitación oficial al departamento de La Guajira en cabeza de su primera autoridad territorial, el señor gobernador, ni a nuestra primera institución académica como es la Universidad de La Guajira, ni a gremios, ni organizaciones sociales ni a otros grupos de interés del Departamento para socializar, diseñar o estructurar un plan de cierre de mina, o en caso tal, de disminución operacional.
No hay hasta ahora una oferta institucional estatal de acompañamiento al departamento de La Guajira para brindarle nuevo conocimiento en todas las formas atinentes al cierre de la mina, con el fin de documentar todos los ítems que implican un buen cierre; no hay propuestas ni caminos de viabilidad para la gestión de esta etapa; no se ha planteado al Departamento, ni siquiera se ha mencionado una guía de estructura técnica y de herramientas legales y jurídicas que estimo se requieren para estar al frente ya de este proceso y garantizar una transición exitosa, con una asunción por parte de la nación sin traumas y que asegure recursos para impulsar y sostener a La Guajira en un estado de cosas mejores que cuando se comenzó la explotación minera de carbón y que no vayamos a quedar entonces, sin la riqueza natural y con la pobreza antrópica.
No le importa de verdad al resto de Colombia, o a los estamentos de poder que tienen el poder para darle solución y poner al servicio del resto de Colombia y de La Guajira, el represamiento de más de 198 millones de metros cúbicos de agua que tiene la represa El Cercado del rio Ranchería, y lo triste, con dos tragedias al frente, 1a) crisis del agua en los territorios ancestrales y en otros municipios, y, 2a) inseguridad alimentaria, situación altamente cacareada por el actual Gobierno nacional, y ni siquiera hay ‘ruido’ para garantizar su solución con esta represa y sus distritos de riego. No han invitado a Asorancherias. Aseguro que esto tampoco les interesa porque es en La Guajira, y porque en el Estado y en el Gobierno no han sufrido los embates de hambre y sed y de carencia multidimensional. No les interesa a los medios de comunicación nacionales masivos, a los periodistas ni al periodismo de élite; no les interesa a los inversionistas privados porque el Gobierno no da muestra de su propio interés, y ellos no ven las garantías requeridas para proponer y asumir.
No le interesa al Gobierno nacional el fenómeno migratorio con sus funestas consecuencias para La Guajira, y antes que enfrentar eso, está negociando a espaldas también del Gobierno de La Guajira una zona binacional de la que no se tiene claridad jurisdiccional, ni operativa, ni institucional para su gestión, y ni se sabe si el estamento guajiro tendrá rol en ese acuerdo secreto entre el presidente de Colombia y el dictador de Venezuela.
Hoy Maicao, a pesar de su titánica lucha ‘con las uñas’, se debate entre la inseguridad ciudadana, la tragedia social, económica y de servicios públicos, agravada por el flujo y asentamiento de migrantes y retornados; y aun cuando es la Vitrina Comercial Legal de Colombia, no le interesa su tragedia a más nadie que al Gobierno departamental y al local.
No les interesa a las instituciones nacionales de tema, lo duro que nos golpea la inseguridad en las vías terrestres, urbanas y rurales, línea férrea, puertos y terminales guajiras.
No le interesa a quien debe interesarle a nivel nacional el mejoramiento de la eficiencia y garantía de la oportunidad en la prestación de servicios médicos por parte de las aseguradoras (EPS), ni la suerte de varios hospitales nuestros, hoy en déficit.








