En la columna anterior dejamos varios temas por desarrollar, que en esta segunda parte trataremos de abordar con más detenimiento y detalle, quiero iniciar con algunas anécdotas de mis primeros pininos en los estudios de grabación musical.
La segunda semana del mes de mayo de 1980, entré por primera vez a un estudio de grabación de música. Eso fue en la ciudad de Medellín, previo un proceso de reclutamiento en Valledupar, luego de recoger, montar y preparar el material de 12 canciones durante casi un semestre, yo era un joven de 19 años que acababa de terminar mis estudios de secundaria, en jornada nocturna, porque trabajaba como mensajero en Almacenes Sagbini.
Recuerdo que mi mentor y acordeonero ‘Miguelito’ Ahumada (q.e.p.d.), quien ya había realizado varias grabaciones con otros cantantes, era quien me daba instrucciones de qué hacer en el estudio, grabamos en esa oportunidad todos los músicos en un salón grande con pequeños compartimentos por instrumentos, pero las canciones se grababan completas de una y luego se limpiaban algunas partes. Es decir, se grababa en bloque y no instrumento por instrumento.
Tres años después ya estaba viviendo en Bogotá y mi gran amigo José Carranza (q.e.p.d.), eterno guacharaquero de ‘Los Diablitos’, me invitó al estudio donde estaban grabando un trabajo musical, allí se hacía en cabinas separadas, ya se hacían bases y luego se volvía a grabar cada instrumento de manera individual, en esa oportunidad grabé tocando el cencerro en dos canciones del álbum.
Tantas cosas han cambiado, ya no se graba cencerro o campana en el vallenato, muchas de las producciones que uno escucha tienen bases de instrumentos pregrabados o lo que en otras palabras denominan samples o sampler también se utiliza lo que se llama técnicamente grabación multipistas, que es la técnica actual más común en varios géneros musicales. Ahora el metrónomo se impone, es decir la velocidad con la que va una canción se mide en BPM que es la sigla en inglés de Beats-per-minute. Esta herramienta es valiosísima para evitar lo que los músicos llamamos correr o arrastrarse.
Ahora, las nuevas tecnologías y la era de las redes sociales, así como el gusto de las nuevas generaciones, privilegian la imagen ante el audio y es el video el rey de las visualizaciones, por lo tanto, cada intérprete cuando piensa en grabar una canción debe estar simultáneamente imaginando como va a financiar la grabación del respectivo video.
Por estas épocas se pusieron de moda los videos de interpretaciones en vivo y muchísimos artistas emergentes han invertido buenos recursos alquilando casas de campo cercanas a Valledupar para grabar sus videos, que luego suben a las diversas redes sociales, algunos de los cuales se viralizan, ayudando a monetizar sus páginas y canales, pero además sirven de carta de presentación ante los empresarios que los pueden contratar para eventos en vivo.
Muchos analistas y folclorólogos no se explican aún, cómo algunos artistas vallenatos sin tener éxitos grabados por ellos sonando en la radio, han logrado ubicarse en las parrillas de muchos eventos regionales. Se olvidan que hoy en día los canales principales de difusión y de comunicación ya no son las emisoras, como hace 40 o 50 años. En conclusión, las grabaciones de nuestro vallenato hoy, son bien distintas a como nacieron y los acelerados avances tecnológicos han jalonado cambios drásticos en ellas.
Colofón: Se inscribió en acordeoneros profesionales del Festival Vallenato otro hueso duro de roer para Iván Zuleta, se trata de Edgardo Bolaños, Rey profesional en el Cuna de Acordeones 2024, bisnieto nada menos que de ‘Chico’ Bolaños, gran juglar de la primera generación.