En Barrancas, ‘la Tierra Amable de Colombia’ y la patria chica de quien esto escribe, existieron dos hermanos que no sabían leer ni escribir y, sin embargo, ambos fueron alcaldes de esta localidad, uno de ellos, de nombre José María ‘Chema’ Iguarán, lo fue en 1935 y el otro, de nombre Pedro Iguarán, en 1940. Ambos pertenecían al Partido Liberal; esto demuestra que en la tierra de los ciegos, el que tiene un solo ojo es rey.
El general venezolano José Antonio Páez, apodado ‘El León de Apure’, ‘El Bravo Páez’ y ‘El Centauro del Llano’, fue el primer presidente de la República de Venezuela inmediatamente después de la disolución de la Gran Colombia, y en dos ocasiones posteriores, para un total tres veces, con apenas saber leer y escribir. Cualquier parecido con Nicolás Maduro es pura coincidencia
Aquileo Parra, natural del hoy municipio santandereano de Barichara, fue presidente de Colombia durante el período 1876 – 1878, enfrentado, ni más ni menos, que al doctor Rafael Núñez, natural de Cartagena, sin haber terminado los estudios primarios. Era un erudito de raca mandaca, lo que lo conllevó, con anticipación, a ser concejal de su patria chica, diputado de Santander, representante a la Cámara y senador de la República por ese mismo departamento y ministro del Tesoro, hoy Ministerio de Hacienda, y ya siendo expresidente, fue director del Partido Liberal en plena guerra civil de los Mil Días.
Alberto Lleras Camargo fue el primer presidente de la República de Colombia cuando fue instituido el Frente Nacional, durante el periodo 1958 – 1962, siendo apenas un bachiller y, a pesar de ello, fue considerado como uno de los primeros cien sabios del mundo.
Los grandes criadores y aficionados a las peleas de gallos finos acostumbran introducir a esos animales en un adminículo fabricado con una tela de lona cuando viajan de un lugar a otro durante las temporadas de riñas gallísticas, de tal manera que el pescuezo, las patas y la cola les queden por fuera; si mal no recuerdo, me parece que ese adminículo recibe el nombre de honda o algo así por el estilo.
Pues bien. Sea como sea, cuenta la Historia de Colombia, escrita por Henao y Arrubla, que un determinado chapetón, residente en Santafé de Bogotá y aficionado a la cría y a las peleas de gallos finos, se resistía a creer que el harapiento Ejército patriota, comandado por Simón Bolívar, había derrotado al de España el 7 de agosto de 1819, liderado por el arrogante general José María Barreiro, y que cuando se convenció de la veracidad de los hechos, creyó haber agarrado de afán una mochila en donde tenía guardadas varias onzas de oro, a sabiendas de que bolívar no iría a dejar títeres con cabeza cuando hiciera su entrada triunfal a Bogotá al día siguiente.
De inmediato partió hacia Popayán, en medio de una noche oscura, con tan mala suerte que cuando amaneció se dio cuenta que lo que había agarrado de afán no era ninguna mochila con las onzas de oro, sino la ‘honda’ en donde estaba uno de sus gallos, el que, como de costumbre, optó por cantarle muy cerca al oído. Él quiso regresarse, pero ya era muy tarde.







